Alfanhuí (Los pájaros)

Alfanhuí se llama así porque se lo puso su maestro al tener los ojos amarillos como los de los alcaravanes. Estos pájaros graznan ¡al-fan-huí! ¡al-fan-huí!, generalmente por la parte de Guadalajara. Por aquí a esas aves les llamamos chorlitos y al piar dicen ¡chor-lí! ¡chor-lí! Las singulares diferencias aviares como construcción de la identidad propia. Al nombrado Alfanhuí le acontecieron aventuras únicas que relató —a pesar del error de la portada— don Rafael Sánchez Ferlosio, hijo de don Rafael Sánchez Mazas que fuese escritor, fundador de la falange y protagonista de una novela muy celebrada; el señor Ferlosio tenía un hermano que fue un famoso cantautor y otro que era matemático y filósofo.

Los pájaros, como bien dejó plasmado Sir Alfred Joseph Hitchcock, son imprevisibles, invasores y dañinos con la especie humana y sus industrias, cultivos e ingenios. El año de 1836 ocurrió en Tomelloso una invasión de esos vertebrados. Por cierto que ese mismo año, y ya pasado el episodio pajaril, apareció la noche del veintidós de diciembre en la puerta de la casa de don José María Cepeda una niña de pocos días y padres desconocidos. Enseguida la cristianaron poniéndole María Adelaída Cesárea. Debido a su desnudez el alcalde mandó que le hiciesen las ropillas de costumbre. Así mismo se le nombro una nodriza mediante el pago de 40 reales. En el comercio de don Eusebio García se compraron los géneros para la ropa, a razón de: «3 varas de lienzo de Amburgo; 4 varas de viveros buenos para pañales; 2,5 varas de vayeta pajiza para dos vasgos; 1,5 varas de indiana fina para jaboncillos; 2 tercias para cuatro escotes a cuatro camisillas hechas con el lienzo primero; media vara de percal para una gorra; una tercia de estopilla para su forro; un pañuelo de yerbas para abrigo de los hombros; ribete para los otros vasgos y seda o hilo para la costura.» Importando todo treinta y cinco con veinticinco reales.

En el buen tiempo de ese año parece que había demasiados pájaros, tantos que se consideraron plaga y diezmaban la cosecha de cereales. En vista de ello, el Ayuntamiento de la villa publica un edicto y pregón ordenando la matanza aviar: «Cada par de mulas presente en casa del señor Regidor encargado del exterminio o en su respectivo cuartel, una docena de cabezas [de pájaro]; dos cada hortelano y cada vecino forastero media, con la multa de medio real por cabeza de las que dejasen de presentar.» Y es que ya se sabe que los forasteros para lo único que sirven es para matar pájaros.

Alfahuí vio sobre su cabeza pintarse el gran arco de colores.

(Datos extraídos de «Historia de Tomelloso» de Francisco García Pavón)

httpv://www.youtube.com/watch?v=0pmGFqH8iwk

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