Armenia

La tela del abanico se llama país, poco se puede sacar de esta afirmación. Para los americanos una buena historia lo es todo.

Después del Diluvio Universal, Noé posó el Arca en la cima del Monte Ararat. Esta frase promete más que la anterior, veamos hasta donde nos lleva.

Ese monte es el símbolo nacional de Armenia y se encuentra en Turquía, se ve desde Ereván, pero los armenios no pueden llegar a él. A sus pies se encuentran las primeras vides plantadas por el hombre, por Noé. El arca medía 133 metros de largo o eslora, 23 metros de ancho o manga y 14 metros de alto, lo que le daba un volumen de 39.500 metros cúbicos, con un peso aproximado de 13.960 toneladas.

Como digo, dadme una buena historia y moveré el mundo.

A los armenios los fueron masacrando los turcos desde el siglo XIX hasta llegar al genocidio de 1917, en el que se habla de un millón de muertos. ¿Que más da Armenia cuando lo demás nos atenaza y nos muerde los calcañares?  La ciudad se derrumba y yo cantando. Existen ideologías, lo mismo de izquierdas que de derechas, que buscan agrupar a las personas y diluirlas en colectivos susceptibles de fácil clasificación, simplificando. Y es que el poder no tiene tiempo de analizarnos uno a uno.

Barcos que parten de  Plymouth o de Southampton con destino al Nuevo Mundo, que es siempre una buena historia, semanas de navegación para contemplar la verde figura de la Estatua de la Libertad, viajan algunos armenios huidos del terror turco, conservando su religión de dhimmi, algunos llegarán a Cuba patria o muerte, dejando atrás al Sultán y a su monte en camarotes de tercera o pasajes de cubierta.

¿Que más da Armenia? ¿Que más da todo?

Necesitamos una buena historia, nos la piden los americanos para poder ver el verde óxido del cobre de la estatua que guarda la entrada de la ciudad de la esperanza.

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