Arrepentíos

Arrepentíos. El fin del mundo está cerca.

C vestido de negro, con un lazo al cuello, una flor en la solapa y una cinta atada a una manga, rojos sobre el negro del impecable traje, avanza por la plaza portando bajo el brazo un cartel con frases apocalípticas, en el sentido moderno de la palabra, sirviendo de mofa y de epítome de los monstruos que crea la razón a los analfabetos que lo observan con medía sonrisa y sintiéndose a salvo. Ellos no van, seguro, a perder el seso como quijanos por las lecturas en desmesura.

Los filósofos del Siglo de las Luces sirven para que los turistas se retraten junto a sus estatuas de bronce, la mayoría se han convertido en ídolos, en iconos, algo contra lo que en vidas gastaron verdaderos ríos de tinta.

A esta Nueva Jerusalén en la que moramos, los padres fundadores no llegaron en barco (ship), sino a lomos de jumento o tras el polvo de un rebaño de merinos, huyendo del hambre vinieron a caer a este desierto de polvo, malosvecinos y poca y mala tierra. Una Nueva Jerusalén sin dogmas y en la que en la glorieta de la iglesia, los virulos con la boca ladeada se ríen de C.

Antes lo hicieron de otros, si no ellos, los suyos.

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