Bibliofagia

A Luis Casas Luengo, bibliófago de pro

Eratóstenes de Cirene midió la circunferencia terráquea y fue bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría.

Peter Kien era sinólogo. La sinología es la ciencia que estudia las lenguas y cultura de China.

Canetti, fue un escritor que nació en Bulgaria, hijo de sefarditas, el apellido original era, según cuentan, Cañete, que es un pueblo de la provincia de Cuenca. Canetti hablaba ladino y le gustaba Cervantes.

Peter Kien se enamoró de Teresa, la criada, por qué manejaba los libros con guantes para no mancharlos y eso le conmovió. Se casó con ella pero no se acostó con ella. Acostar en el sentido en el que lo decían nuestros abuelos, guiñando el ojo a la vez. No le gustaba nadie, solo los libros, era lo único que para él merecía la pena. image

Sale en una novela de Canetti, Elías Canetti, que se llama «Auto de Fe» en la traducción española, inglesa o francesa y que en el original alemán se titula «La Ceguera», cosas que pasan, no obstante este título fue muy celebrado por escritores importantes. Es la única novela de Canetti, que fue premio Nobel. Gente que sabe mucho explica que este libro es un trasunto del Quijote  y dan razones bastante eruditas. No digo ni que si ni que no, lo único que afirmo es que me pareció una de las lecturas más subversivas que recuerdo y de las más tristes, pero seguramente estaré equivocado pues no soy erudito en nada. También rescataba libros de las casas de empeños como los trinitarios cautivos, el doctor Kien.

Tenía veinte mil libros cuando Teresa lo echó a la calle. La antigua criada, ahora señora. se quedó con la casa. Kien, vagaba por Viena, acompañado por un escudero, digo ayudante y los libros los llevaba en la cabeza. No que los llevara de cabeza, si no que los llevaba metidos dentro de su cabeza. «La mejor definición de patria es una biblioteca» dice Kien.

Y luego está la Biblioteca de Babel que es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.Y donde irremediablemente acabaremos condenados durante toda la eternidad quienes no devolvemos los libros recibidos en préstamo.

La importancia de los libros. Dadle a los libros la importancia que tienen y devolved los que os presten, no os veáis como yo que por no devolver «El Árbol de la Ciencia», no recupero por lo menos cincuenta libros y solo hace veinte años.

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