Blues Harp

Para Iñaki Sistiaga, que si tiene alma de blues


Una vez me compre una armónica. Una «Blues Harp».image

Fue en la casa Real Musical, cerca de la plaza de Isabel II. Ópera.

Íbamos un amigo y yo a Galicia y fuimos exprofeso a por el instrumento (un servidor entonces tenía alma de blues) mientras salía el tren de la estación del Norte. También me compré un paquete de tortas sevillanas en el Mesón del Alabardero.

Me gustaba la citada plaza, me veía como un triste y verboso Ladoire tocando la armónica en un antro de Nueva Orleans  mientras habitaba en una buhardilla madrileña, en aquellos años en los que el tele-transporte aún estaba en mantillas.

Seguí las recomendaciones de un programa de radio para la compra y me apliqué concienzudamente en las normas que  como una suerte de decálogo explicó el locutor para la correcta práctica y uso del artefacto. Llegué a tocar Piano-Man hasta que por algún tipo de reacción química producida entre el alcohol de mi aliento y el metal de la armónica, esta se oxidó.

Tras las compras, marchamos a Galicia, en principio a Santiago y acabando en La Coruña. Acampamos en una playa, notando en el momento de ir a montar la tienda la importancia de esas piquetas torcidas que desechamos, por considerarlas inútiles, dejándolas en el pueblo. Afortunadamente llevábamos cubiertos que nos sirvieron para sujetar los vientos. Poco duramos. Al día siguiente nos trasladamos a Sada que estaba en fiestas.

También descubrimos la noche siguiente que el doble techo de la choza se nos quedó olvidado en algún lugar de la casa de mi amigo. Nuestros escasos cuartos solo nos daban para pagar el camping y comprar algunas latas de conservas y pan de tanto en tanto. La cena y la chispa las solucionamos en el pueblo con una jarra de ribeiro y una ración de chorizos fritos por veinte duros.

Deliciosas vacaciones: dolores de muelas calmados con analgésicos y vinazo; mantas en vez de sacos; cuerdas de pita en vez de vientos de nailon; el globo de Betanzos; ¿Bock o caña?

El último día de fiestas una sardiñada nos hizo comer caliente y las dos mil pesetas que por giro telegráfico nos mandó el padre de mi camarada nos hicieron llegar al pueblo. Con mi armónica «Blues Harp».

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httpv://www.youtube.com/watch?v=8sFlBJ1Jk3w

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