Boniatos

Casi acabadas las navidades. Sólo falta San Antón. El egipcio barbado es el epílogo de las Pascuas por estas tierras del Señor. Hogueras como protección de las caballerías. Antes. En las brasas se asaban humildes patatas y entrañables boniatos. Ahora se hacen parriladas con partes del cerdo: comer cadáveres de animales como celebración del santo patrón de las bestias es truculento y paradójico pero reconfortante. El boniato sabe a niñez, a manoplas de lana y a pídola; es un alimento dulce, pero no empalagoso; crédulo, pero no ingenuo y humilde, pero no tanto. Mi madre los asaba en una olla-horno. También el pollo. En casa de un amigo todos los domingos comían pollastre rustido en ese perol. Me consta, pues durante cerca de un año lo fui a buscar a las 15:30 horas todos los domingos y siempre lo encontraba  con el ave a medias. Después salchichas blancas fritas, indefectiblemente. Mi camarada tomaba de una fuente y con los dedos, con movimientos rápidos, precisos y escrupulosos la ración de longanizas que precisase. En el centro de la pieza había una estufa de leña pintada de gris plata. De postre naranja. La mondaba con un chuchillo, en círculos e intentando sacar la piel entera en una especie de faja.

Casi acabadas las navidades, ya pasados los Reyes. La mejor fiesta, la noche más corta. Ningún año trajeron el deseado Scalextric, pero los polvorones no estaban por la mañana. A los juegos reunidos les faltaban, al menos, diez cifras en el cardinal pero siempre dejaban naranjas de caramelo. Hasta que un día vieron el cinco de enero por la tarde. Fue cuando vivíamos en casa de mi abuela materna, a nuestro regreso con lo puesto del levante, al llegar de ver la cabalgata, Sus Majestades ya habían pasado. Para siempre. Fue un tiempo de sucedáneo de chocolate con pan para merendar, judías estofadas para cenar y pesadillas para dormir.

El sabor del boniato tiene la honradez de un novel escasamente bataqueado.

P. S.

“Con la inocencia tan graciosa

que cambia el nombre de las cosas…”

httpv://www.youtube.com/watch?v=dvi59ynxyKk

5 responses

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  2. ¡Qué ricos los Boniatos! Recuerdo que mi madre nos los “asaba” entre brasas y cenizas, envueltos en papel de estraza bien mojado para que no se quemase la piel.
    Ah, y hasta bien grandes, mochos no supimos que “Moniato” se escribía con B.
    Feliz 2012, Paco

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