Botijos

Creo que fue lunes.

Llevaba algún tiempo librando ese día en la gasolinera. Era el correturnos y tenía un turno fijo semanal;  antes, hasta que estuvo prohibido en los menores de edad, los lunes hacía servicio de noche. No sé lo que hice durante la tarde. Creo que estuve preparando algún examen, o quizás durmiendo la siesta; no encendí la radio ni la televisión. A las seis y media me vino a buscar Chemi Lahoz  con el coche para irnos al instituto. Estudiábamos Formación Profesional en horario nocturno, de siete de la tarde a once de la noche. Seguramente ya tenía el Fura nuevo. Me preguntó que si estaba enterado de lo que había pasado. Le dije que no. Habían entrado a tiros, me informó,  unos guardias civiles en el Congreso de los Diputados, interrumpiendo la votación en la que se iba a elegir a Calvo Sotelo presidente del  gobierno tras la dimisión de Suárez. Tenían retenidos a todos.

Encendió la radio del coche, sintonizó  la cadena SER, creo. Un tipo con voz de pito gritaba cómo si diese el alto a un camión en una carretera de tercera, mientras se oían disparos y coños. No se sabía nada. Los padres de la Patria estaban secuestrados y se temía un golpe de estado.

Las invectivas de los viejos y de los de siempre habían sido premonitorias: Somos un pueblo que necesita garrote; se confunde libertad con libertinaje; los españoles no estamos preparados para la democracia, etcétera. La misma retahíla. Ya teníamos un picoleto con tricornio de charol pegando tiros, sólo  faltaba para cerrar el círculo de nuestro destino universal la flamenca con el traje rojo de volantes y el toro con las banderillas.

Llegamos al instituto, estuvimos un rato sin bajarnos del coche escuchando la radio. Pepe «el facha» entró estiradísimo y con cara de satisfacción, sacando pecho. Por la radio informaban que en Valencia estaban los tanques en la calle. Pasamos. Miguel Ángel Hoz, profesor de ciencias, madrileño y barbón, nos dijo que tuviésemos cuidado: los fachas solían celebraban los éxitos a tiro limpio. Subimos a clase.

Casimiro Serrano, de Argamasilla y un servidor estuvimos prácticamente las cuatro horas de clase, que obviamente no dimos, contando chistes. Sin tregua; acababa uno y empezaba otro, histriónicamente,  nerviosamente, histéricamente, cómo si a fuerza de chistes y risas creásemos una coraza que nos librase del mal que se nos venía encima.

Salimos del instituto, no se veía ni un alma por la calle. Fuimos al piso de unos profesores. Seguían llegando noticias. Jugamos al mus hasta que salió el Rey por televisión vestido de militar sobre un extraño fondo. Parecía que la cosa iba camino de acabar.  Al llegar a casa: ¿Qué horas son estas? ¿Crees que hay derecho? Las dos de la madrugada y sin saber nada de ti.

A las seis de la mañana me fui a trabajar. Recuerdo poca gente.  Comentarios, muchos a favor del golpe. En la televisión del bar, guardias civiles que huían patéticamente saltando por las ventanas del congreso. Espadones con el pecho lleno de medallas fumando cómo carreteros, miradas torvas, saludos marciales. Se acababa.

Días después y tras las multitudinarias manifestaciones a favor de la democracia y la libertad, llegaron las infamias sobre la valentía de los diputados, los chistes de tortillas, las sevillanas del golpe y los botijos de Tejero.

P. S.

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma inquieta,
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.

httpv://www.youtube.com/watch?v=G7FdJajqxmU

8 responses

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Creo que La Trinca sacó una canción sobre el golpe en su primer disco en castellano, que salió por entonces. Y un número especial de “Víbora” que no tenía desperdicio.
    Un abrazo

  3. Yo lo viví de otra manera, soy de una familia de izquierdas, mis padres eran del PCE por esa época, recuerdo que me enteré también en el Instituto, me fuí a casa.
    Uno de mis vecinos, muy amigo nuestro, subió a casa y nos dijo, si esto progresa nos marchamos a Paris, tengo allí un piso, ya saldremos todos adelante como sea.
    A mi tia (en el pueblo de mis padres) le pintaron en la fachada “te vamos a matar” ….
    Mi familia, mi estirpe no quiere más asesinados, ya tenemos bastantes, debe ser por eso que, a pesar de todo, a mi esta democracia si me gusta y si la valoro, ya se que no es perfecta, pero al menos ni torturan, ni matan a tus amigos en las cárceles, ni por la calle, ni …. ya, ya se que soy desagradable y nadie quiere recordar esas cosas, pero existian ….

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