Cañizos

No sé si conocéis Villafranca, la laguna de Villafranca. Cuando éramos pequeños nos llevaban a bañarnos a ese lugar.

Un primo falleció ahogado en las de Ruidera. A resultas de aquella tragedia familiar tuvimos vetado el esparcimiento en ese oasis, al que fui por primera vez con la mayoría de edad y con la consiguiente discusión familiar. Los domingos y fiestas de baño acudíamos a Villafranca donde es prácticamente imposible ahogarte.

El agua era terrosa y caliente, parecida al caldo. El perímetro de aquella charca estaba rodeado de cañizos por todas partes, menos por una: la zona del baño. Estaba en la parte más cercana a la carretera y habían hecho una suerte de playa vaciando varios carros de arena. Los domingos y sobre todo, las patrióticas fiestas veraniegas, el lugar estaba atestado de manchegos a remojo.

En la zona playera había unos ventorros enjalbegados en los que alquilaban habitaciones y daban baños calientes, eufemísticamente informados como «balnearios» en la entrada. Estas habitaciones, también encaladas, diáfanas y con la persiana como único mobiliario, eran alquilados generalmente una por familia, haciendo cama gitana durante el tiempo que durase la estancia. Nosotros no nos quedamos nunca a dormir, pero una familia de amigos nuestros «veraneaban» allí. Tenían un bar con comedor en la planta baja, con televisión y gente los domingos viendo los toros. No era sitios excesivamente recomendables para los años setenta, su época ya había pasado y el paso de los años no les favorecía en absoluto.

Una siesta de aquellos años nos encontrábamos en el cuarto de nuestros amigos mi padre, un sobrino de los huéspedes y quien esto escribe, a la sombra. El resto se encontraban bañándose o viendo los toros en el comedor. Mi padre comenzó a hablar de cine con el joven, yo por aquellos años no formaba parte de las conversaciones de los mayores, limitándome a observar y a tener la boca cerrada. La época dorada de Hollywood le apasionaba, todavía recuerdo como castellanizaba los nombres de los actores: Eduar Gé Robinson, Victor Mature, Amfri Bogar, Gari Coper, Paul Neumán.

De pronto, este chico, erudito a la violeta, bajando la voz (algo que se hacía en aquella cuando se iba a hablar de la guerra, del comunismo, de la ETA o de Fidel Castro), comentó que había un director español que era buenísimo, que hacía películas sobre los pobres. Había una sobre delincuentes mexicanos, Los Olvidados, le parecía que se llamaba. Por lo visto no lo dejan de pasar a España ya que es comunista. «Buñol», se llamaba.

Y así se quedo, repantingado en la hamaca, fumando, en bañador, en una habitación enjalbegada de una fonducha, hablando de «Buñol» con voz engolada y rostro traspuesto.

Con un par.

 httpv://www.youtube.com/watch?v=aJzYF8FXmRE

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