Cojos y sordos

Calanda es una villa de Teruel, en la comarca del Bajo Aragón, famosa por su melocotones, con Denominación de Origen, por sus tambores que resuenan en Semana Santa, cómo en Hellín y Tobarra y por el cojo de Calanda, más conocido como el Milagro de Calanda.

A Miguel Pellicer, vecino de la villa, estando trabajando en Castellón, le paso un carro cargado por cima de una pierna en julio de 1637, siendo ingresado en el Hospital Real de Valencia como consecuencia de la fractura de tibia producida por el accidente. A los pocos días solicita ser trasladado a Zaragoza, ingresando en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Allí le amputan la pierna herida cuatro dedos por debajo de la rodilla, enterrándose dicha pierna en el cementerio del hospital. Vivió un tiempo de la limosna en la Basílica del Pilar. Allí se untaba el muñón con aceite de las lámparas de la capilla de la Virgen. Dos años después regresa a Calanda.

La primera noche que duerme en el domicilio paterno, al pasar su madre al cuarto para ver como dormía, ve que asoman dos pies por debajo del embozo. Comprobaron, Miguel  y sus padres, ya en los primeros momentos, a la luz del candil, la persistencia de viejas cicatrices de la «pierna amputada» en la «nueva pierna».

Don Luis Buñuel Portolés, también de Calanda y dedicado al cinematógrafo, refleja con mucho tino en alguna de sus películas piernas ortopédicas, digo yo que como recuerdo del milagro de su pueblo. Don Luis Buñuel, ávido degustador de martinis secos era, aparte de peliculero, un malafollá como dicen en Granada. Y sordo. No se si de conveniencia o de verdad. Tenía a los actores en muy poca estima, afirmaba que si naciese otra vez le agradaría ser actor, pues por muy poco trabajo se llevan buenos cuartos. Los comparaba a las cucarachas aumentando a Sir Alfred Hitchcock, también director de cine, quien equiparaba con ganado a los artistas.

Tal vez Don Luis sea más famoso que los melocotones y los tambores.

Era surrealista y fue amigo de Salvador Dalí (Excelentísimo Señor Don Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, Marqués de Púbol) que era de Figueras y juntos hicieron una película,  «Un Perro Andaluz», que me parece que trata sobre hormigas, navajas barberas, ojos y la luna.

Pensándolo mejor, como el citado Don Luis era un anticlerical de siete suelas, lo de las piernas ortopédicas en vez de ser un homenaje puede que sea una ironía, que con los sordos nunca se sabe.

P. S.

Si el Rin fuera el Guadiana no estaríamos aquí
borrachos de nostalgias y cerveza,
borrachos de vino no bebido
de ese vino caliente que hiere la cabeza.

httpv://www.youtube.com/watch?v=o4oUyeRj1Pc

4 responses

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Es conocida la proverbial mala leche de sordos ilustres como Buñuel, Goya o Beethoven, sin embargo, los cojos que he conocido han sido simpáticos y amables. Quizás porque podían escuchar música…Gracias por otra estupenda entrada. Un abrazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*