Cosas del marketing

Anoche oí  un hecho sobre la inexorabilidad del destino. Un episodio que merece ser desarrollado más ampliamente, pero que ahora mismo, mañana de domingo y cerca de la hora de la comida, me encuentro imbuido en un agradable sopor que acaba con cualquier invención o adorno retórico. Lo relato tal cual.

En un taller de Tomelloso dedicado a la reparación de motores diesel, el dueño del mismo y gerente a la sazón, pensó en realizar una campaña de marketing. El hombre encargaría anuncios en los medios de comunicación hablados y escritos de la comarca con el fin de aumentar las ventas del negocio.

A la vez ideo la confección de octavillas publicitarias en una imprenta y repartirlas por todos los buzones de Tomelloso. Para la distribución de los billetes contrató a un jovenzuelo, hijo de un amigo. La familia necesitaba alguna adenda pecuniaria con la que aumentar la mínima economía familiar y el empresario pensó que a la vez que le entregaban la propaganda, ayudaba a un camarada.

El día convenido el zagal se presento en el taller a bordo de la bicicleta para recoger y repartir el cargamento de prospectos. Al entregarle el lote, el mecánico le observó que hiciese la faena sin excesiva prisa, que le pagaría a tanto por boleto, pero que lo hiciese concienzudamente y no se dejase ningún buzón ni puerta sin entregarle la hoja.

Se ve que el mocete no era excesivamente amante del trabajo y pensó que si descarga todos  los anuncios en un mismo buzón podría irse a seguir jugando. Ideó hacerlo en un lugar dónde nadie lo notase. Y busco la última casa de un ignoto callejón y en el casillero del ático soltó la carga, yéndose a seguir dándole patadas al balón.

He de advertir que Tomelloso, sin llegar a ser Manhatan, tiene un casco urbano de casi doscientos cincuenta kilómetros cuadrados y cerca de cuarenta mil habitantes.

El sábado fue el perillán a cobrar al taller, pero no le pagaron. De todos los buzones de la ciudad, echó la propaganda en el de su jefe.

El hado, que no descansa.

httpv://www.youtube.com/watch?v=6iu124sQxWM

5 responses

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  2. No es sólo que no fuera amante del trabajo sino poco avispado en el uso de la información. Dice una de las leyes de Murphy que cuando tengas un problema dáselo a un vago, encontrará enseguida la mejor solución, pero este chaval ni eso.
    Lo que mas destaca es la suerte del jefe, porque podría haberlos tirado a la basura.

    Es que esta vida…

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