Dies Sanatores II

Resultados

Y el tipo no paraba de hablar.

Se ha ido aproximando cada vez más al pobre anciano, el único que le hacía caso, acabando pegado a él. Y ha reanudado la perorata. Hay ángeles, demonios, espíritus, aviones y extraterrestres a los que cazan en Las Vegas, ¿sabes donde están Las Vegas? En el desierto. Tienen más de dos metros de alto los extraterrestres. No, marcianos no: extraterrestres. El abuelo asiente mirándolo con la cara que cualquier condenado miraría al verdugo para que durase poco el trago. Yo es que no soy de aquí, soy de Socuéllamos.

Busca conversación, se dirige a quien le mira, cazador sediento. La doctora sale de la consulta y cierra la puerta con llave, indicándonos con su particular lenguaje no verbal que se va a tomar café. El comedor de cerebros se tira en plancha, deja un cebo a ver quien pica: Que poca vergüenza ¿pues no se va ahora a tomar café o a almorzar? Y nos deja aquí, esperando.

Una señora de mediana edad cae en la celada: También tiene derecho la mujer a desayunar, increpa. Su perdición. Horrible, La ha machacado. Hemos asistido todos, especialmente el marido, horrorizados a semejante carnicería. El viejo hubo de salir en busca de ayuda con el último aliento que le quedaba, habiéndose (para más inri) equivocado de consulta, penoso.

Pasamos: todo bien, pero se tiene que hacer esta prueba para mayor seguridad.

Última prueba

Me rodean los hirientes comentarios de ancianos con incontinencia verbal y de la otra, que pierden, la otra, en el momento justo de pasar a una sala de pruebas cuyo nombre recuerda a alguna abrupta parte de la física. Viejas gorgonas inquieren al que sale: ¿has cumplido? como si de un acto sexual se tratase.

La insuficiente cantidad depositada hace que la grácil diplomada se dirija a mí: Bebe de esta botella solo hasta la raya ¿entiendes? solo hasta la raya marcada.

Edad difícil («Entré en mi casa: vi que amancillada/de anciana habitación era despojos,/mi báculo más corvo y menos fuerte.») y casi provecta. A la segunda la cantidad es suficiente para que un ordenador imprima una gráfica que metida en un sobre me alarga la grácil diplomada sin mirarme a la cara.

Hasta luego.

Dies Sanatores, primera parte.

Sobre el arcoiris

httpv://www.youtube.com/watch?v=V1bFr2SWP1I

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