Escribir por escribir

El pelícano cuando sus hijos tienen hambre o sed y para que no mueran, se abre el pecho a picotazos para que se nutran con su sangre. Para los cristianos este ave es el símbolo de Cristo. Es también uno de los principales emblemas de los rosacruces y del grado dieciocho de la masonería. Para los primeros el pájaro es una alegoría del crisol donde se realizan los experimentos alquímicos y la sangre es la piedra filosofal, que transmutara el burdo metal en el oro espiritual. Para los segundos significa el trabajo secreto mediante el cual el hombre, es elevado de la esclavitud de la ignorancia a la libertad de la sabiduría.

Un hecho trágico ocurrido de noche en casa del sacristán, trajo consigo que la fiesta fuese suspendida ese año por el luto. Y al siguiente, porque la gente no andaba todavía con ánimos. Y el posterior cuando se descubrió que el autor del horrendo crimen fue el propio acólito. Hasta que se olvidó. Que es lo que pasa con las cosas si se van dejando.

Escribir por escribir. La fe mueve montañas. Contar poemas. Pase lo que pase estamos juntos. Criticar. Criticar no. Si tú caes, caemos todos. «Afanan nuestras almas, nuestros cuerpos socavan la mezquindad, la culpa la estulticia, el error, y, como los mendigos alimentan sus piojos, nuestros remordimientos complacientes nutrimos».

Aquel era un pueblo de puertas abiertas, pero tras el horrendo crimen de la hija del sacristán, que hizo que se suspendiese la fiesta, aquello acabó. Hiperbólicamente atrancaban las puertas para que no se cerrasen, ahora estaban selladas a cal y canto. Sólo se movían los visillos y las persianas al paso de cualquier caminante por la acera, del que todos desconfiaban. Todos sospechaban de todos. ¿Quién fuera a pensar que el propio chupacirios violara y matara a su hija?

Hizo a todos creer de la existencia de una secta capaz de cometer los más horribles crímenes, adoradores de estrellas, de pentagramas rociados de purpulina que dejó donde encontraron a la chiquilla. Para confundir y librarse del justo castigo a su horrible crimen. Redactó falsos documentos y metió a todos el miedo en el cuerpo e hizo que nadie se fiase de nadie. Cuando los remordimientos no le dejaron vivir se entregó a la justicia; fue llevado a la capital a recibir garrote y descanso para su conciencia. Pero el mal estaba hecho, la cizaña había enraizado en el antaño, pueblo abierto.

Fue necesario que muriesen dos generaciones enteras, para que se olvidase el motivo por el que se suspendió la fiesta. A partir de entonces, cada Jueves Santo se volvió a construir el monumento guardado en el trastero, siguiendo los planos del maldito sacristán cuyo crimen nadie recordaba. Y volvieron a sonar las matracas y en la arqueta que representaba el sepulcro de Nuestro Señor, los artríticos volvieron a meter sus miembros para ser sanados.

El pelícano se inmola para salvar a sus hijos. El hombre es capaz de matar a los suyos.

httpv://www.youtube.com/watch?v=vl5McGN2L-E

5 responses

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  2. Todas las sacristías del alma encierran crímenes cometidos o por cometer… yo dudo de que todos tengan esa mala conciencia, visto lo que algunos han sido capaces de cometer con tanta naturalidad. Gran acompañamiento musical, por cierto.

    • Muchas gracias por tus palabras Ricardo. Es más literario que el asesino tenga remordimientos que le lleven a entregarse, como un Raskolnikov de trasiglesia. :-)

  3. Una patria herida no es una patria muerta.
    El sacristán hiere a su pueblo con la “política” del miedo y la desconfianza; lo enferma de libertad como sucede en las sociedades dirigidas por personas que matan a sus congéneres en nombre de Dios, de la libertad, de la democracia o de…ya sea de hambre o con armas, pero el pueblo sólo está herido, no muerto, aunque la recuperación y convalecencia sean largas.

    La música estupenda. Un saludo.

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