Faro

A la torre de El Salvador de La Roda le dicen el faro de La Mancha por que destaca enhiesta en la llanura y se ve desde muy lejos. A la torre de forma almenada y planta cuadrada parece que le han añadido el chapitel como sin fijarse mucho o poniendo el que más a mano tuviesen de lo poco que pega. Esta torre y la de La Gineta apuntan alineadas a la ciudad de Albacete, en la gran llanura sin fin, ocre, calcinada y polvorienta; sin una sombra, con cuatro ventorros malolientes y llenos de moscas. Si te fijas puedes oir cantar a coro a todas la cigarras del mundo a la vez, como si crepitasen en una sartén con aceite hirviendo, pero no te detengas pues el sol puede golpearte en la nuca y dejarte en el sitio. Ahora se verán máquinas cosechando envueltas en nubes color crema. El polvo de la cebada se pega en las coyunturas del cuerpo y mezclado con el sudor pica a rabiar; por mucho que te rasques no cesa la comezón. Los segadores bebían agua calentuza de un cántaro. Venían de Jaén, andando o en tren y llegaban hasta donde hiciese falta, algunos hasta Burgos y Álava, a tanto la fanega, o el celemín, o el almud o lo que fuese. Algunos de aquí también hacían cuadrillas y se iban a la provincia de Cuenca o a la de Albacete, negros como tizones. Las hoces las llevaban colgadas al hombro como un fusil, liaban un cordel en la hoja, para evitar cortes, procurando dejar los extremos al aire y lo suficientemente largos para formar una bandolera.

Me figuro que las carreteras de antaño las trazaban apuntando a las torres de las iglesias.

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