Felicidad

Contaba el maestro Borges que su principal pecado era no haber sido feliz, negándoles al mismo tiempo a los suyos la posibilidad de felicidad. Si él no lo era, era imposible que fuesen quienes le rodeaban.

*

Que seguridad tenías cuando afirmabas sin rubor que tú si terminarías en Australia.

La creíamos nuestra Tierra Prometida en aquellas largas veladas sobre las mesas de mármol, trasegando los combinados a los que nos invitaban, no sé si por lástima o por que les caíamos graciosos. Departiendo sobre cualquier cosa con la vehemencia propia de la edad, el convencimiento y el alcohol.

La gran isla austral sigue siendo nuestra tierra prometida, pues una promesa lo es mientras no se cumple. Para el único que la tierra de Israel siguió siendo la Tierra Prometida fue para Moisés, que no pudo entrar en ella.

- El próximo año en Camberra.

*

En Hadleyville, el sheriff Kane recorre las aceras sin encontrar a nadie mientras los visillos de las ventanas se mueven a su paso.

-  Suele pasar en todos los pueblos.

-  ¿En todos?

-  He dicho en todos.

*

Hokusai pintaba fractales. Todo el mundo sabía geometría, mientras el maestro Borges hablaba de la felicidad no alcanzada. El policía ha visto a compañeros tapados con mantas, antes de lana y ahora térmicas con ese brillo astronáutico que hace de la muerte algo menos oscuro.

P.S.

«…Te vistes. No encuentras la correa. Te haces la corbata dos veces porque la primera vez la parte de atrás te quedó más larga que la parte de adelante. Vas a la cocina. Tu esposa ya preparó tu desayuno. Le hablas otra vez del perro. Ella, sin contestarte, te recuerda que hay que pagar la cuenta de la luz y la matrícula de la escuela de los chiquillos. Cuelgas tu jacket del borde de la silla y te sientas en la mesa de la cocina. Tu esposa enciende la radio. Están transmitiendo las noticias. Mientras escuchas, mojas el pan en el café, como te enseñó tu papá cuando eras niño. Suena el teléfono. Tu esposa lo contesta. Es para ti. De la oficina. Hoy van a arrestar al tipo. Va un carro a recogerte. Que lo esperes abajo. Cuelgas el teléfono. Vas a tu cuarto. Abres la segunda gaveta del armario. Tu gaveta. Sacas tu libreta y los lentes negros. Vas a la cama. Levantas el colchón y sacas tu revólver. Vas a la cocina, tomas tu jacket y lo pones todo en el bolsillo de adentro. Tu esposa te observa. Le das un beso al espacio, al lado de la mejilla, que ella no devuelve, ¿o sí? Abres la puerta y bajas por la escalera de madera, saltando los escalones de dos en dos. Llegas a la calle. Ves al camión recogiendo la basura. Aún está oscuro, pero huele a mañana, varón.» G.D.B.D (Fragmento) – Rubén Blades.

httpv://www.youtube.com/watch?v=lJiu7dz_Om0

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