Ferreras

Confieso que soy incapaz de meter en cintura a mis recuerdos, se muestran rebeldes, irreverentes, irredentos e indolentes. Emergen a la superficie (no es metáfora: están sumergidos) cuando quieren y lo más irritante, los que quieren, sin un orden preciso. Es lo que me ha pasado tras leer hace varios  días una entrevista a Ferreras, Manolo Ferreras, locutor de radio. He intentado una remembranza de un tiempo poco claro en mi memoria, no por infeliz, sino vaya usted a saber por que. He recordado que escuché la primera emisión de Radio 3 el 1 de Julio de 1979, a las diez de la noche, ya de turno en el surtidor. Comenzaba con un rock and roll cantado por algún ente, a lo mejor extraterrestre, con voz de pito: «radio tres, la mejor del mundo, radio tres, la que me gusta a mí». Después Carlos Tena y creo que Rodri, aunque no estoy seguro, elogiaban las ventajas de la estereofonía en la radiodifusión moderna: «Cu-cu: canal derecho. Tras-tras: canal izquierdo». Posteriormente comenzaba la programación, Tena, Trecet, Pardo, etcétera, toda la noche y con nombres de programas acabados en tres. Durante el día, había unos señores que imaginaba raros, con traje y corbata e incluso con bigotito, decían que estaban en en Tercer Programa de Radio Nacional. Después, Radio 3 todo el día. Genial. Por la mañana pusieron un programa que dirigía y presentaba el citado Ferreras, Manolo Ferreras locutor de radio, se llamaba La Barraca del tercero, homenaje al grupo de teatro universitario que recorrió los pueblos de España durante la república y del que formaba parte Lorca. Me gustaba: cultura para el pueblo, necesaria y sin aspavientos, amena. Jotas y Rimbaud, perfecto. Había quien decía que cultureta. Ferreras, Manolo Ferreras locutor de radio, hablaba y hablaba, con  voz ilusionada, ilusionante, alegre, cálida, ingenua, torrencial, emocionante, entretenida, alguna vez engolada, siempre cómplice y muchas veces confortable. Aunque con un ¿retro-sonido? canalla, golfo, de muchas juergas. Verborrea: no callaba ni debajo del agua. Recuerdo a K, el del Bar de Domingo y primer actor en Los Peces Rojos, en uno de sus intentos de confraternización, al saber de mi pasión por ese programa radiofónico, afirmar que el mentado Ferreras, Manolo Ferreras locutor de radio, no era ni lobo ni zorra y que frecuentaba en Madrid una discoteca de la que X era asiduo, llamada O’clock y que cuando quisiera yo, él me lo podía presentar. Al poco vinieron ellos. Lo nuestros. El inveterado y difunto Antonio S. tenía una frase que dosificaba muy bien y  usaba siempre con mucho criterio,  muy a pelo en este punto del relato: «Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros». Me veo con Langosta en la glorieta de la iglesia escribiendo postales de apoyo al programa de Ferreras, Manolo Ferreras locutor de radio ya que los nuestros lo querían quitar de la programación. Posteriormente vinieron tiempos más modernos, con voces más graves y pluriempleadas, pero no era lo mismo. ¿Como se las arreglara Ferreras, Manolo Ferreras locutor de radio con su verborrea? Lo imagino, después de haber mareado a todo su entorno, perorando desde la ventana abierta a todo el orbe.

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