Helados

El ventilador del techo gira pausada y lánguidamente, sin prisa, como queriendo no molestar. Es de un verde metálico y aeronáutico.

Las gentes se refrescan con helados, limonadas y horchatas bajo las aspas, sin prisas a esas horas de la mañana, ya cerca del mediodía y a esas alturas del verano, próximo a la feria. El pequeño local está animado, hay cerca de una docena de parroquianos en varios grupos.

Un matrimonio moreno y achaparrado, ambos con coleta trenzada, la mujer viste una camisa blanca, inmaculada y preciosa. Dan cuenta de unos cucuruchos de turrón, especialidad de la casa. Hablan suavemente de sus cosas.

En un rincón, en el mostrador de los granizados, cuatro garruchones que parecen rumanos o húngaros, beben horchata de grandes vasos por medio de pajitas. Dos de ellos llevan el cráneo rapado e impreso con tatuajes que parecen maoríes, se les nota en la cara de felicidad que les refresca el albo néctar.

Un viejo de los de boina se toma una tarrina, no muy grande, con una cucharilla de plástico fosforescente, el solo, sin prisa y mirando al aforo sin disimulo.

Dos otoñales señoras que parecen también del pueblo, están pidiendo helados para llevar. Una barra de mantecado, otra de turrón y galletas, muchas galletas. Compran la limonada por litros. Mientras piden a la heladera, sueltan enormes y pícaras risotadas y uno no sabe si piden helados u ora cosa.

Entran otros dos clientes. Uno moreno, no muy alto y con barba negrísima, va tocado con un turbante azafranado, o tal vez amarillo. El otro es altísimo y negro, va vestido con una especie de túnica talar y floreada.

Dan los buenos días. Todos los que hay dentro contestan con otro buenos días.

El aeronáutico ventilador sigue con su monótono giro, apenas imperceptible, en el techo de una pequeña heladería cerca de la plaza de un poblachón manchego.

*

Iniciativa de @senovilla_jfs y @artecar24

9 responses

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  2. El ventilador en su giro constante era fiel testigo de la normalidad existente entre los alegres personajes, variopintos ellos, que se congregaban en sana paz a refrescar sus cuerpos con un helado. Todo era normal pese a sus aparentes diferencias, todo lo era porque estaban imbuidos de convivencia.

    Bonita forma de describir la convivencia, sin nombrarla.

  3. Magnífico ejemplo de lo cotidiano. Cuantas veces habré visto esa imagen. Después todo, como decía Summers, too er mundo e gueno :). Quizás no haya tanta maldad en la calle y sí más en las grandes instituciones :)

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