Historias de la radio

Para este que escribe, la radio ha sido —y aún lo es— una suerte de navaja suiza. Información, entretenimiento, distracción, compañía, aprendizaje, emoción, sorpresa, conocimiento, disfrute, etcétera. Todo al alcance del dial. La radio ha estado presente durante toda mi vida y ha puesto la banda sonora a esta película con casi medio siglo de metraje.

El primer recuerdo radiofónico de que tengo es de algún domingo por la mañana escuchando a «Matilde, Perico y Periquín» en un, entonces, moderno receptor de transistores marca Sharp, que había en mi casa, minúsculo para la época, era del tamaño de una libreta de octava. Solo tenía onda media. Ese aparato estuvo con nosotros casi veinte años. En casa de mi abuela tenían una radio grandísima encima de un anaquel sujeto a la pared con palomillas. Parecía un baúl.

Toda la vida con la radio a cuestas. Vendimias, noches de gasolinera, viajes, guardias: siempre.

—¿Quién fue el delantero centro que marcó el primer gol oficial en el antiguo campo del Club Ciclista de San Sebastián, cuando se inauguró?

—¡Yo! Anselmo Oñate, Pichirri, en 1915 y de penalti.

También he tenido la suerte de hacer mis pinitos radiofónicos.

Una feria del ochenta y tantos participe en «Radio Mosto», una emisora pirata que había en un colegio cerca del real. Estaba a los mandos del control en un programa llamado «Jazz para empezar», que presentaba Álvaro. La sintonía era el Take four de Bruveck. Empezaba a las nueve de la mañana, muertos de sueño después de toda la noche de juerga. Dada mi proverbial habilidad manual, de la que prometo hablar en futuras piezas, el director de la emisora iba arreglando los mandos, esos que suben y bajan, con cinta aislante conforme yo me los iba cargando. La emisora se acabo con la feria, fue el germen de la futura «Radio Surco».

A partir de nuestra experiencia radiofónica fundamos una especie de cooperativa con la que gestionar una futura emisora émula de Radio 3, que era entonces el paradigma de la radio libre. Pusimos dos mil pesetas por barba en la primera reunión que tuvo lugar en el café de La Glorieta, arriba, para constituir la sociedad y los primeros gastos. Fracasó, todos queríamos hacer un programa de música moderna española como el de Ordovás, cosa de todo punto imposible.

Años más tarde en casa de unos amigos, en la alcoba precisando más, tuvimos una emisora. Pirata. Se llamaba «Radio Diferencial». Eran pretenciosos años de petulancia. Con otro amigo hicimos un programa a la limón en el que leíamos párrafos de «La otra gente» y «Merlín y familia» de Cunqueiro y poníamos piezas de Win Mertens, Philip Glass, Michael Nyman, Ryuichi Sakamoto, etcétera. Murió de éxito tras recibir quince premios «Ondas» aquel año.

En fin, historias de la radio.

httpv://www.youtube.com/watch?v=faJE92phKzI

7 responses

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  2. “Historias de la radio” – yo diría que tu historia – lo explicas tan bien y con tanto detalle que parece que fue ayer. La he releído porque me es cercano todo lo que cuelgas en el Blog, y porque intuyo que de mas joven fuiste un pelín traviesillo. ¿O no?.
    Un abrazo Paco.

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