Jerusalén

Mi abuela decía Jesusalén por Jerusalén, se conoce que pensaba que el nombre se lo habían puesto a la ciudad por el hijo de Dios.

Juana, la Coleta, decía Mariadolid,  y nos reíamos de ella, fue el primer año de vendimia en regla. Con los Peronas.

Veinticuatro días y medio de vendimia a mil pesetas, veinticuatro mil quinientas pesetas, nos buscaron por que se les habían apedreado las viñas y como tenían poca cosecha no iban a traer vendimiadores forasteros, era mejor compañeros de colegio y jubilados. A nosotros tres, de los que ya solo quedamos dos y a la Juana, una provecta anciana y madre soltera en los años de la posguerra, quien también cobraría menos de lo establecido, como llevaba haciendo toda su vida. Lo de Mariadolid lo decía a cuenta de una, que por lo visto se había ido a esa ciudad a posar para fotos de calendario.

La familia y la perra, una galga ¿o era podenca? que se llamaba Nadia en honor de la heroína de Montreal, completaban la cuadrilla. No vinimos al pueblo en toda la vendimia. Recuerdo que los ajenos conspirábamos después de comer. Durante esa vendimia almorzamos gachas veinticuatro, parafraseando a Lope. Alguna liebre o conejo que mataba la perra, con arroz; guisaba la madre, fue criada de la casa y se casó con el hijo mayor que era el padre de mi amigo y a cada paso se lo hacía notar.

Cosas de entonces.

Lo que quería decir era lo de mi abuela, que decía Jesusalén por Jerusalén, pero estos días me han hecho recordar la primera vendimia en regla.

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One response

  1. Mi abuela, entre otras muchas cosas, nos decía que había que comerse las alcachofas del guiso (no nos gustaban) porque tenían ‘muchas biftaminas bababe, bibibi, bobubu’Ahí es ná…

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