La caja

La Caja de Castilla la Mancha surgió por la fusión de las cajas de la región, excepto la de Guadalajara, en 1992. Anteriormente se fueron produciendo uniones entre las cajas provinciales. En 1981, creo, se produjo la unificación de la caja de Cuenca con la de Ciudad Real.

Gracias al aviso de una compañera de clase conocí la convocatoria de unas pruebas para cubrir plazas de auxiliares de la nueva entidad surgida de la agrupación. Mandé la solicitud y comencé la preparación, más bien escasa, de las cuestiones necesarias, fundamentalmente contables y destreza en mecanografía.

Entonces (y ahora tampoco) desde Tomelloso no había línea de autobuses a Cuenca, ciudad donde se realizarían las pruebas, siendo Las Pedroñeras la localidad más cercana para coger un autocar con destino a esa capital, me llevaría mi padre el día del examen, había que estar allí a las 6 de la mañana.

La noche previa dando el último repaso no dormí nada. A las cuatro me llevó mi padre a la «capital del ajo» donde cogí el ómnibus que por infectas carreteruchas llenas de baches, algunos mayores que el semoviente y parando hasta en las casas de labor me llevó a Cuenca.

Cuando llegué al lugar del examen  me quedé perplejo por la cantidad de gente que esperaba para entrar, desanimándome sobremanera sobre mi posibilidad de conseguir plaza. Localicé a varios del pueblo que habían ido en coches particulares y juntos pasamos. La mañana fue bien: ejercicios contables y de matemáticas financieras.

Tres horas para comer.

Me uní al grupo de tomelloseros y fuimos en el auto de alguno a comer a un figón. El padre de una examinanda nos dijo que había oido  en una conversación de examinadores que no iban a aprobar a ningún tomellosero por dudas sobre la honradez de los del pueblo, debido a una mala experiencia con un empleado paisano nuestro (que se llevó los cuartos, por lo visto).

Animadísimos nos pusimos a dar cuenta del menú, que en mi caso consistía en potaje de judías, generosamente trufado con exquisiteces del guarro: oreja, manos, tocino, chorizo, morcilla, etcétera. Libado con vino tinto que nos despachaban en jarras de barro y sin tope de peticiones. Despidiéndonos todos de la posibilidad de trabajar en la futura Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, di cuenta (ante la opción a repetir) de otro plato de judías. Y de postre natillas. Café, copa y puro.

Nos encaminamos de nuevo al lugar del examen absolutamente desolados pero ahítos. Se conoce que con el sueño que tenía y que empezó la digestión de las morcillas, fue sentarme en la mesa y era imposible mantener los ojos abiertos, no me podía hacer vivo. Y el sueño, que es muy traidor, me hizo plantearme la imposibilidad de conseguir el puesto después de lo escuchado. Así que me levante sin terminar y me busqué un banco sobre el que descabezar una siesta, dando por terminada mi experiencia en el mundo de las finanzas.

httpv://www.youtube.com/watch?v=FcOt6mfjxeA

4 responses

  1. Pingback: Bitacoras.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*