Malasombra

Llegó solo, venía por su cuenta, sin compañía y le gustaba Bambino. Se junto con los otros. Un matrimonio joven, un viejo con boina y dos hijos, chico y chica. Al estar el viejo de non les vino bien y todos tan contentos.

Cuando llegaron a la casa tras la contratación verbal en la plaza ya estaban los otros. Carmen, Pepe, el marido y Pepito, el hijo de no más de doce años. Ella era hija de Peseta, el pisador titular de la casa y empleada por compromiso. Venían de Valencia. El hombre era valenciano y muy mal peinado. Si vivieran en el profundo Sur serían white trash, pero aquí y en aquellos años solo eran gentuza.

Camino del corte iban todos encima del remolque y cada uno hacía su gracia, el viejo fumaba por la nariz, el hijo explicaba como desollaba venados en la sierra con un puñal que llamaba cuchillo de monte y portaba en un tahalí, el matrimonio joven tonteaba y la hija de Peseta y el marido observaban mientras el hijo se sacaba los mocos con la mano. El que venía solo se llamaba Juan y el resto de los andaluces lo nombraban suavizando la jota. Juan se puso a enredar en la barja, baúl de madera en el que se lleva la comida y los cubiertos al campo. Sacó una botella de aceite de uno de los compartimentos y cuando estaba observándola el tractor frenó de golpe cayéndose esta y comenzando a derramarse el oleo. Como movida por un resorte la hija de Peseta se incorporó gritando:

- ¡¡¡Levántala, que trae mala sombra, levántala, la botella, levántala!!!

Juan levantó la botella y limpió el poco aceite que se había derramado, el viaje siguió como hasta entonces. Llegaron al tajo, comieron y comenzaron la faena. A los diez minutos, la hija del pisador, se cortó en un dedo:

- Ha sido por ti, derrama-aceites

Al día siguiente Juan se colocó una especie de impermeable y a las dos horas estaba lloviendo:

- Ha sido por ti, derrama-aceites, con ese capote llamas a la lluvia.

- Esto no es nada, dijo él.

Ese día no pudieron vendimiar de tanto como llovió. Metidos en la casa, la hija de Peseta que para cualquier acontecimiento tenia una explicación metafísica, le increpó:

- Tú, derrama-aceites ¿es que eres gafe?

Él no respondió, se limitó a suplicar comprensión con la mirada.

- Si, eres un gafe, sentenció ella.

Todos dejaron de hablarle y evitaban incluso cruzar la vista con él.

A los tres días dejó la cuadrilla.

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