Melancolía

A quienes sólo tenemos las manos para trabajar nos acompaña otra posesión más importante y que podemos arbitrariamente administrar. Es de lo poco que nos dejan: la dignidad. Cualidad susceptible de ser cambiada por un plato de lentejas, eliminando cualquier posibilidad humana de nuestro ser. O por el contrario, no vender nuestra alma a cambio de cualquier espejuelo, comer poco o incluso pasar hambre para dejar el adocenamiento del lado de las lentejas, evitando así las digestiones pesadas.

Leo sobre Bacon, el pintor. Un escabroso reportaje en un viejo diario sobre su centenario el año pasado, detalles de su azarosa vida y poco arte. Es lo que se espera. Murió solo en Madrid en 1992. Se podría escribir, a cuenta de sus amantes, una novela de misterio. José, español, diecisiete años más joven que el artista. Financiero, apuesto, bien educado, sofisticado y enamorado de la pintura. Permanece en el anonimato, a pesar de la fama que le podría acarrear declararse amante del pintor. John Edwars, camarero del Colony Room (pub que frecuentaba en Londres). Pesado, mal educado, comía caviar con las manos; no hablaba y solo fumaba porros. Fue su heredero universal y murió en Tailandia en 2003.

He acabado hace poco una novela de Plinio, «Otra vez domingo», de 1978. Crepuscular y melancólica, como me parecen todas las del guardia, no se porqué más les encuentro un regusto acre a casi todas. Don Lotario cambia el seiscientos por un ochocientos cincuenta. Muy cargada al Paseo del Cementerio; Braulio parecido a Valdés Leal, confesando que tiene guardada la soga, e incluso bien engrasada, para ahorcase si fuese necesario. A Plinio, con el cambio de régimen político (es extraña la intemporalidad del porrista, que sigue teniendo los mismos años que en la Dictadura de Primo de Rivera), le han quitado la posibilidad de entender de cualquier caso que no sea de los propios de la G.M.T., tráfico fundamentalmente, gracias al nuevo gobernador. Y por fin, su hija mozavieja se va a casar con un buen muchacho, hecho que acrecenta la melancolía del Jefe. La trama, digamos, detectivesca, ligera, divertida y con suspense, sirve de excusa para describir la monotonía, algunas veces obsesiva y llena de caldos, coperos y poca prisa  de Tomelloso.

httpv://www.youtube.com/watch?v=gdoSYZSa1A4

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