Mesas

Los veladores son mesitas redondas de un solo pié.

Hay gente que los confunde con las mesas de mármol de los bares y cafés. Si tienen un pié y son redondas da igual el material del que estén hechas: son veladores.

Existe la leyenda urbana, antes se decía creencia popular, que los tableros de mármol de las mesas del café de Doña Rosa son lápidas de muerto. No es cierto. Son losas encargadas a propósito por el anterior propietario del local. Lo que si es verdad es que trabajaba de camarero en el citado establecimiento Consorcio López, que era del pueblo.image

Se tuvo que ir a trabajar a Madrid porque le hizo a la novia gemelos y el hermano de esta le amenazó con cortarle el colgajo si no se casaba y él, por no casarse, se fue de camarero. Dice Cela, que lo conoció trabajando en el café, que era joven, guapo y atildado, con la manos grandes y la frente estrecha y que lo que le decía la dueña, Doña Rosa, se lo pasaba por la entrepierna.

No recuerdo que las mesas del Bar Alambra fueran de mármol, a lo mejor si; de lo que si me acuerdo es del mostrador, que era de acero inoxidable, material muy higiénico y que se limpia con facilidad. También de los camareros con mandil y corbata.

Donde si son de mármol las mesas es en el Café de la Glorieta y tampoco son de lápidas. Lo se por que me lo dijo María Victoria: «Estas mesas no son de tumbas», afirmó una larga noche de Black & White y Dave Brubeck, con voz queda.

Como digo, los veladores son las mesas redondas y de un solo pié que ponen en las terrazas de muchos bares, generalmente de acero.

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4 responses

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  2. En ‘La Embajada de Tomelloso en Cuenca’- sita durante años en la calle Fray Luis de León, 14- teníamos un velador de mármol verde, a juego con un sillón al que miraba con desdén por encima del hombro.
    El velador era producto de un secuestro, un robo, un acto de vandalismo o una simple bacinería (usted decide) y sus legítimos dueños no eran otros que los dueños del ‘Salsa Rosa’, un disco-bar con música cuestionable y una terraza a la que, a partir de cierta fatídica noche, le faltaba un velador de pie alto de esos que sólo se dejan ver en compañía de banquetas.
    La entrega del susodicho al personal de la embajada se produjo sin ceremonias y a la intempestiva hora de las 3 de la mañana. Pijamas, confusión, risas y borracheras constatadas con la aparición del velador en la puerta.
    Los porteadores: un guardia jurado- empleado de un banco- y un sargento de la Guardia Civil… ambos fuera de servicio, eso sí ;)

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