Nevski

Nunca veré el hielo azul de Groenlandia, ni las vallas metálicas de las canchas de baloncesto callejeras en Nueva York. No admiraré el color rojo de las redundantes piedras de Petra, por supuesto. No saldré de aquí. Nunca.

Malditas gafas. Malditos duendes verdes que esconden en Irlanda ollas llenas de monedas de oro, como aquí, más los nuestros no eran duendes. El espejo de la entrada me devuelve la imagen de un viejo al que no conozco.

¿Que puedo hacer? No tengo pasado en el que descansar; el presente me atenaza; el futuro no existe y no se jugar al golf.

Después de la risa viene el llanto. De la tempestad la calma; de la noche la mañana, limpia, escondiendo monstruos. El Sol sale siempre por el mismo sitio, a pesar nuestro, a pesar de todo. Alguna vez no saldrá, lo sé, por ningún sitio. Un día de otro están muy cerca, tanto que alguna vez a la mañana no le da tiempo a recoger todos los monstruos y deja alguno. Para todo el día.

Las metáforas no conducen a ningún sitio. Son meros adornos en el papel para no decir lo que se quiere; para marear la perdiz en otra aburrida por usada y poco original metáfora. ¿Como se puede construir así algo?

Es difícil narrar la felicidad. Creo que es cuando nos acostumbramos; al poco, vuelta a empezar. El hotel más caro de Moscú creo que es el Metropol. Y vuelta a empezar.

Alejandro Nevski es un santo de la Iglesia Ortodoxa.

La perspectiva Nevski es una avenida de San Petersburgo.

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httpv://www.youtube.com/watch?v=vLCReEaS1hA

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