Ni piedra ni palo

El tarantismo, es una enfermedad de tipo histérico, caracterizada por un malestar general y una sintomatología psiquiátrica parecida a la de la epilepsia; ofuscación del estado de conciencia y turbación emocional, producidos por la picadura de la araña conocida como tarántula o taranta.

José Recuero, el Ciego de Almagro, era un personaje muy popular en el último tercio del siglo XVIII en la provincia de La Mancha, hábil tañendo la vihuela, cuentan de él que resucitaba a los muertos (literalmente) con sus jotas, fandangos, seguidillas y otras sonatas; muchas personas fueron testigos de sus portentos, afirmando que volvía la salud a moribundos y desahuciados aplicando la música a la curación de sus dolencias. Pero donde con más asombro se observaba la eficacia del mágico Recuero era en el tratamiento del tarantismo.

El doctor Francisco Xavier Cid, miembro de la Real Academia matritense, médico titular del cabildo de Toledo y de su arzobispo, escribió en 1787 una obra para demostrar que en España existía el tarantismo y que éste se curaba, al modo como se hacía en la Puglia de Italia, esto es, con la tarantela. Afirmando que el ciego de Almagro está instruido en todas las tarantelas que se tocan, pero que la particular que usa él es, sin comparación, mucho más eficaz que las demás, porque en llegando a tiempo, es curado el enfermo pronta y seguramente.

La citada enfermedad me trae a las mientes a Emilio «el gitano». Viejo, negrísimo y nervioso, cómo si le hubiese picado la taranta.

Una vez vino el Atlético de Madrid a jugar un partido amistoso con el equipo de gala en el que jugaba un marroquí llamado Larby Ben Barek al que apodaban  «La Perla Negra». El día del partido iba Emilio corriendo por la calle de La Feria y a todo el que le preguntaba le decía que iba a ver a «Distifini», por el marroquí.

Le vendía duros de plata falsos a los forasteros y a los tontos (que no siempre son sinónimos) en la plaza, hasta que murió. Mi abuelo decía que era el alcalde de los gitanos y yo me lo creía pues los veía, sobre todo a este, cómo si fuesen de otro Dios, o al menos de otro alcalde.

Hay pueblos en los que no los dejan de vivir, aquí ha habido siempre gitanos, con sus duros de plata, sus ajos, su venta ambulante y sus cosas (y con su alcalde), ahora los gitanos son de la Iglesia Evangélica de Filadelfia. No tiene nada que ver con la ciudad de Pensilvania, sino con las Siete Iglesias del Apocalipsis, esto es: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea, situadas en Asia Menor y a las que San Juan escribió cartas.

Antes no se si serian católicos.

httpv://www.youtube.com/watch?v=oAvamSUGAi4

3 responses

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  2. Siempre se ha dicho que la música amansa a las fieras verdad? y que a mal tiempo buena cara.

    La música cura mucho más de lo que nos pensamos y hay una música para cada momento.

    Así que porque no la tarantela puede curar?

    En cuanto a lo de los gitanos y la iglesia evangélica, se me antoja compararla con la de la comunidad negra americana y sus archiconocidos cantos de Gospel.

    Muy buen artículo Francisco

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