Nimiedades

Hubo una época en la que era necesario para cualquier juntaletras local y emergente que quisiese darse importancia, denostar a García Pavón. Le daba más empaque. Tampoco el paisanaje ha sido muy complaciente con el narrador, sobre todo desde que se emitió la serie «Plinio» por televisión. Las gentes pensaban que aquello nos daría fama de asesinos y maleantes ante es resto del país. Se puede decir que Pacopavón no era profeta en su tierra. Recuerdo, todavía estremecido cuando se emitió un capitulo del programa “Esta es mi tierra” , en el que el autor hablaba de su pueblo. De las eras, cuartillejos, casas de putas, etcétera. Aquello provocó cartas a los periódicos de diligentes miembros de la sana juventud local, para informar al resto del orbe que nuestra amada ciudad tenía más cosas que los barrios de los atrases.

Hojarasqueando  para escribir la entrada de El señor cura y Pichele, entre otros, en la «Historia de Tomelloso» del mentado escribidor, recreo tres episodios de la misma que me parecieron entretenidos y, al menos, curiosos.

Sirva esta entrada de homenaje, modestamente me siento discípulo suyo. Aprovecho para aclarar que el título de este blog, es el de una narración incluida en su recopilación «Cuentos Republicanos».

Camposanteros.

El año del cólera fue el de 1885. Se produjo una epidemia de esa enfermedad en toda España, principalmente en Valencia, Murcia y Madrid. En el verano de ese año se empezaron a notar los primeros síntomas en Tomelloso. Durante todo el mes de julio hubo fallecimientos diagnosticados como gastroenteritis aguda.

En agosto, alarmado el municipio, se acuerda el día 3 nombrar a ocho individuos:

«para que estén preparados y dispuestos -caso de ser invadida esta población por la epidemia colérica- para prestar servicio de apertura de fosas y zanjas en el cementerio, y el de conducir los cadáveres al mismo»

Los enterradores designados para actuar en tan aciago momento fueron: Faustino Castellanos, Eusebio Moreno, Juan Moreno, Doroteo Moreno, Marcelino Lara, Antonio Lahoz, Ramón Villena y Francisco Díaz Plaza, con el haber de 1,50 pesetas diarias.

Los camposanteros actuales de Tomelloso son Castellanos de apellido como el primero de la lista. Deduzco que esta debe ser una profesión  que se hereda, o a la que nadie opta, ya que esta familia lleva ciento dieciséis años (o más) enterrando a los tomelloseros.

El caso de «La Cascarilla»

El 18 de febrero de 1901 robaron en casa de Doña Ramona Díaz (a) La Cascarilla y en la de su hijo Indalecio Perales. Erróneamente fueron detenidos como presuntos autores: José Cruz Peinado Herreros, Francisco Eladio Cobo Lara y Juan Cobo Martínez. En el proceso celebrado contra ellos el 8 de noviembre del mismo año, fueron condenados a trece años de prisión, cada uno, en el penal de Ceuta.

Posteriormente, debido a las pesquisas realizadas por el jefe de la policía, que no le cuadraba el caso, se averiguó que los ladrones no eran los encarcelados, y que los autores materiales del robo, debido a la presión, confesaron la autoría y fueron procesados y condenados el 1 de abril de 1902. Eran: Indalecio García (a) Gorge, Agustín Peinado (a) Cañamón y Manuel Bascuñana (a) Comeperros.

Debido a las dilaciones de la justicia, a finales de mayo de 1903 los falsamente inculpados todavía no habían sido liberados. El Ayuntamiento reclama el indulto de los inocentes a través del Diputado del distrito, el Conde de las Cabezuelas. En noviembre del citado año no había ninguna novedad al respecto. En ese mes el Ayuntamiento acordó costear la revisión del proceso. El 1 de diciembre del año siguiente, se da cuenta de haber sido liberadas las víctimas del error judicial. Se dieron las gracias a D. Segismundo Moret y a D. Melquíades Álvarez, se abrió una suscripción popular para auxiliares y se les recibió con música y repique de campanas.

El jefe de policía que resolvió satisfactoriamente este caso, inspiro a Francisco García Pavón para la creación de Manuel González, alias Plinio, jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso.

La primera máquina

La primera máquina de escribir para el Ayuntamiento de Tomelloso se adquirió en Mayo de 1915. Efeméride sin importancia sino fuese por la reseña que de la misma hace García Pavón en la «Historia de Tomelloso»:

«Se cuenta que un concejal algo tradicionalista, que encabezaba el bando de los enemigos a la máquina dio a ésta un garrotazo, abollando la cubierta metálica»

Lo que nos indica que hubo dos bandos dentro de los bancos del Ayuntamiento, a favor y en contra de una humilde máquina de escribir. Me imagino jugosos y encarnizados debates en  los plenos municipales hasta la aprobación de la compra del artefacto. El enfado del bando de los anti-máquina, la grandilocuente, seguro, presentación del ingenio por parte del Sr. Alcalde, apelando al progreso y a la modernidad del nuevo siglo. Episodio delicioso, digno del más puro Arniches

Una  L. C. Smith & Bros. No. 2, adquirida por 775 pesetas y que hizo que un prohombre tomellosero perdiera la compostura.

httpv://www.youtube.com/watch?v=xg5Mzl1aE0c

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