París (Valencia)

Recurrentemente regreso a nuestra estancia en Valencia.

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Para un niño de un pueblo manchego como Tomelloso, grande y rico, pero agreste de solemnidad, llegar a la ciudad del Turia fue como arribar a Nueva York, incluso con diferente idioma. Me dieron la bienvenida infinitos y altos edificios contra nuestro único San Luis.

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Largos paseos vespertinos con mi madre por la ciudad para conocerla. Extrañamente en mis evocaciones no aparece ninguno de mis hermanos, cosas de una memoria tan selectiva. Las Torres de Serranos, la Casa de los Caramelos, la catedral y el Santo Grial, el Miguelete, Santa Catalina, las torres de Cuarte, la Alameda, los Viveros, el Corte Inglés, el Mercado Central siempre oliendo a café recién hecho.

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Me causaba admiración la bella y modernista estación del Norte permanentemente atestada de gentes con prisa, voces y silbidos de locomotoras.

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Cerca, en la calle Pelayo, descubrimos la librería París. Años más tarde, la he evocado leyendo la borgiana Biblioteca de Babel. Fue descubrir, especialmente para mi madre, un templo a la sabiduría. Pilas de libros, estanterías atestadas de volúmenes clasificados por géneros.

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Había un negro de dependiente, la primera vez que contemple a alguien de esa raza, Muy atento y afanoso con nosotros, supongo que con todos los clientes, en nuestras periódicas visitas. Mi madre insistía en la necesidad y leer y nos compraba libros en cada visita a ese parnaso, detrayendo el dinero de los libros de otros gastos, seguramente personales. Cambiaba sus vestidos y afeites por aleccionar literariamente a sus hijos, dada la poca elasticidad del paterno jornal de cobrador de autobús.

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Mi primer libro allí comprado fue Las Mil y una noches, leído y releído hasta hace poco y ornado con el siguiente Ex-Libris:

«Francisco Navarro Navarro – Calle Calvo Sotelo, 36, puerta 12 – El Puig de Santa María (Valencia) (España) (Europa) (La Tierra) (Sistema Solar) (Vía Láctea) (Universo)»

Clásicos ilustrados de Bruguera: Miguel Strogoff, La Isla Misteriosa, La Isla del Tesoro. Una Biblia en cómic con sangrientas batallas contra los filisteos.

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Fue uno de los mejores descubrimientos que hicimos en Valencia.

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Con el tiempo, me sigue admirando la reverencia con la que mi madre, una mujer que había aprendido a mal leer de mayor y por su cuenta y apenas sabía firmar, entraba en lo que para ella era un sitio de admiración y respeto, un lugar donde estaba depositado todo el saber del mundo al alcance de cualquiera, de sus hijos en este caso. Una librería.

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