Pirámides

En las puertas de entrada a los camarotes de los barcos a vapor que hacen cruceros de recreo por el Nilo, hay colgados por la parte interior una especie de ganchos dorados, con las puntas romas, que sirven de percha. En el umbral de esas mismas entradas, hay una gasa colgada de una barra de cortina, también dorada, que hace de mosquitera.

Lo he visto en una película.

Las agujas hipodérmicas de las jeringas de cristal de mi infancia eran doradas, igualmente. Las desinfectaban, junto con la jeringa y el émbolo previamente retirado, en una gaveta metálica, quemándolas con alcohol.

Conozco los vapores que surcan el Nilo, el río y Egipto por las películas. Ese Egipto de entreguerras: camareros tocados con fez y clientes ingleses vestidos con esmoquin blanco trasegando martinis de ginebra Bombay, muy lejos del Callejón de los Milagros y la Taberna del Gato Negro.

El viejo sistema empezó a caer tras la guerra y el de ahora ya es también viejo.

Sistema era una palabra muy usada por los jugadores de la quiniela futbolística: tengo un sistema, decían, pero no lo contaban. ¿Como lo iban a explicar? ¿Para dar a otros las posibilidad de ser ricos como ellos? Quía.

Un tal Luis, me ofreció antaño la oportunidad de ir al Nilo y la rechacé. Bueno, la de ser rico según él, ahogando con la negativa la posibilidad futura de surcar por el Padre de África en un barco con aspas movido por vapor. Tenía un sistema. Piramidal (Keops, Kefrén y Micerinos), pero sistema. Al fin y a la postre infalible, según Luis y unos videos.

Otra vez será.

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