Primera Guerra Carlista en Tomelloso

Al final, el peor rey de las Españas, nos dejó una guerra a su muerte.

El 1 de Octubre de 1833 Carlos María Isidro (Carlos V), reclama sus derechos dinásticos en el «MaTropas Carlistas: Infanteria de Castilla-nifiesto de Abrantes» y comienza la Primera Guerra Carlista.

En marzo de 1834 se decreta movilización en las zona cristina a la que pertenecía Tomelloso. El día 3 se reúnen en el Ayuntamiento las autoridades para proceder al alistamiento de los mozos solteros y viudos sin hijos desde los 17 a los 36 años. Se dejan útiles 97 mozos y por medio de un cántaro se sortearon las siete plazas que correspondían al cupo de Tomelloso.

El 15 de Abril de 1835 la Corporación acuerda, tras la petición de los llamados voluntarios urbanos, la construcción de un fuerte:

«o sea, punto de defensa de esta población en el no esperado caso de ser invadida la villa por facciosos enemigos de la Reina, nuestra señora, sosiego y tranquilidad, provisto de armas y municiones, ofreciendo los dichos voluntarios oponer la más decidida resistencia y ofensa a semejante canalla…»

Así mismo se pide la entrega voluntaria de las armas por parte del vecindario. Días más tarde, debido al poco éxito de la petición, se procede a recoger las armas por imposición.

En 1836 aparece por los alrededores de Tomelloso una partida de quince facciosos, lo que hace que se disparen las alarmas y que se empiece con la construcción del fortín.

Las partidas carlistas, seguramente desgajadas del grueso de la tropa de la expedición del General Don Miguel Gómez por tierras de Castilla y Andalucía, incendian cosechas, dañan sembrados y asesinan a cinco miembros de la Guardia Nacional, llegan incluso a atacar la Villa. Se dictan normas de cómo actuar en caso de alarma (cada hacendado p. ej. debía  presentarse con el número de hombres que le correspondían según sus posibilidades en el citado fuerte); de cómo actuar con los facciDon Diego de Leónosos infiltrados en la población, llegando hasta la ejecución si fuese necesario.

Esta tensión acabó el 20 de septiembre de 1836, con la batalla de Villarrobledo. Donde en la vega de San Cristóbal fue derrotado el General Gómez, con dos mil bajas y perdiendo toda su caballería a manos del coronel Don Diego de León.

Del fuerte no se sabe nada, ni donde estuvo, ni como era, ni cuanto duró.

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