Revisión del caqui

Originalmente publicado el 5 de Octubre de 2009

El caqui es un color que a lo mejor solo existe en España. Repican las campanas, las mujeres mandan por un día y las cabras hacen el salto del ángel desde un campanario. Viva el vino.

El caqui, tal vez endémico, es un amarillo de ocre. Era el tinte de los vestidos de soldado; mimético con nuestro paisaje agreste, seco, pardo. Al caqui se le nombra así por una fruta que colorea su pellejo de esa guisa, de esa suerte de marrón parecido al de los farallones de Murcia, es color de sequía y hambre.

Se veía mucho caqui antes por el campo, los que se licenciaban se traían toda la ropa que podían para trabajar con ella puesta en el agro y les duraba hasta que, por regla general, nacía su tercer hijo, de bueno que era el género de los uniformes de soldado. También las botas eran duraderas. Las gorras eran propias de los tractoristas, que las llevaban con esa gracia y donaire propio de los que gobiernan semovientes, incluso mecánicos.

Luego nos cambiaron esa color tan nuestra, por el verde de los bosques de otros sitios.

De ese tono tan de nosotros y tan beige se vestían los quintos de los pueblos en los que celebraban fiestas. Con gorros de barco y botas remendadas de sus tíos, la cara tiznada y el vino saliéndoles por las orejas. Rompiendo piñatas, subiendo cucañas, pintando paredes con polvos azules («cada vez que te veo/se me espanta la borrica/…»), pidiendo cuartos por la calle con una espuerta terrera de esparto, desplumando gallinas en vivo y apedreando perros, mariquitas y subnormales.

A lo mejor, como digo, el caqui solo es de España. Negra.

*

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*