Revolución (I)

No podía echarse atrás. Era demasiado hombre para volverse. Pero si pudiera por un momento dejar atrás su hombría. Le temblaban las piernas, tenía la boca pastosa, deseaba salir corriendo, no podía: le estaban apuntando; yo no he sido, si pudiera decirlo, yo no he sido; pero si he sido, le alcanzó una ráfaga de sueño, si se pudiera acostar, si se pudiera ir, si pudiera volverse atrás, él, el más hombre, el que más gritaba. No puedo, los hombres no se vuelven, los hombres van hacía su destino y lo reciben como viene, sin hacer concesiones a la cobardía ni al enemigo y de todas formas: ¿hacía donde se volvía? ¿Hasta que parte de su vida se echaba atrás? No había salida y estaba como estaba por eso, por que no hay salida; me apuntan, me han apuntado siempre, siempre, he estado sin salida siempre; muerde los dientes y aguanta como un hombre, no te vuelvas, no digas yo no he sido, la única salida que tienes es que te maten o te metan en la cárcel para toda la vida y que dejen a tu familia tranquila, esa gente que han traído; ¿y como han tardado tan poco en llegar? y le estaban apuntando; iban a dar un escarmiento, para eso los habían traído, a esa gente, se conoce que ellos no eran capaces de enfrentarse a los del pueblo y por eso los han traído, vienen de Manzanares, llegaron de noche, cuando creíamos que no había ni Rey ni Dios; míralos apuntando, vestidos de uniforme, me apuntan sin mirarme a la cara, no me miran, no soy nada para ellos, si corro me matan.

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