Saudade

Yo tenía la intención de haber nacido portugués. De Guimaraes, como Afonso Henriques.

El destino ya se sabe, hace de su capa un sayo y vine a nacer en la calle de las Isabeles. Y en la Mancha no hay saudade, que va.

Para tenerla hay que ser portugués, cantar fados y algunos dientes de oro. El tranvía y los lamparones en el traje también hacen mucho por la saudade.

Esa eterna y existencial tristeza que te sume en un letargo melancólico y a la vez delicioso que te hace arrastrar los fonemas al pronunciar las frases (tristes por supuesto).

Como digo, quise nacer portugués, de Faro incluso, pero no pudo ser.

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