Señor Juez

Después de Larra, nada.

Se descerrajó un tiro en la sien delante del espejo el lunes de carnaval de 1837. Dolores Armijo, su amante y por la que había abandonado a su mujer y a su hijo, le comunicó que no había posibilidad de continuar la relación.

Cuando se quedó solo se atravesó el cráneo de un tiro y mirándose al espejo, se conoce que quería ver salir la bala por la otra parte de la cabeza.

No se sabe si la vio.

Después de Belmonte, nada.

El torero más famoso, el más valiente, el que volvió a escribir las suertes, el enemigo del Gallo y al que solo le faltaba palmar en la plaza, como le dijo Valle-Inclán (se hará lo que se pueda, Don Ramón). Pero fue Joselito en Talavera el que cayó  y Belmonte empezó a morir entonces.

Vivió hasta su muerte como un muerto.

Con setenta años se enamoró de una flamenca, más joven y sin esperanzas. La tarde del ocho de abril de 1962, salió a pasear a caballo, arreó el ganado, contempló el ocaso, volvió a la casa, subió a su habitación y se pegó un tiro delante del espejo, como Larra, intentando ver la bala.

No se sabe si la vio.

P.S.

«Y el bronce herido que anunciaba con lamentable clamor la ausencia eterna de los que han sido, parecía vibrar más lúgubre que ningún año, como si presagiase su propia muerte.»

httpv://www.youtube.com/watch?v=zicHxo2WxXA

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