Stairway

¿Dónde demonios llevará esa maldita escalera?

Llevaba toda la tarde haciéndose la misma pregunta, a pesar del miedo y los nervios, o quizás por eso. Lo que había visto por la mañana significaba su perdición.

Una casualidad, estar en el momento justo y en el lugar preciso. Hoy era el día propicio para comprar un cupón de esos de los ciegos, o una primitiva. Toda la vida pensando bien pero tarde.

Joder con la dichosa escalera, treinta y cuatro peldaños ¿por qué no se iba?

Allí esperando sin fijarse excesivamente en la pava que le habían puesto para que le hiciese compañía, pintada como una puerta, a la que calculó quince minutos menos de su edad real. Como fumaba, parecía una chimenea.

Necesariamente debe subir a la oficina del amo, o a lo mejor daba a la azotea, o ¿por qué no? era la escalera hacia el cielo.

Al que madruga Dios le ayuda, pero no será a él que estaba bien jodido. A la seis de la mañana ya se iba a trabajar, como no podía dormir se había levantado antes. No dejes para mañana, malditos refranes que van a ser su ruina. A la salida del pueblo ha oído ruido en los cobertizos del amo, gimoteos, voces y se ha acercado. Ha visto al amo, con la muchacha ya muerta. Y el amo lo ha visto a él ¿Donde va a ir si tiene a la familia en el pueblo?

El pasamano de la barandilla es negro, brillante, se ve que lo limpian, los barrotes dorados, rectos, sin florituras, como el amo.

¿Dónde irá? De una puerta lateral que no había visto, detrás de la pava, sale el amo: Te vas al cuartel y te entregas por la violación y muerte de la muchacha, es lo mejor para tu familia, les seguiré dando trabajo, tú con un poco de suerte, saldrás dentro de veinte años. Por la cuenta que te tiene no regreses.

Y fue a entregarse sin saber donde llevaba la maldita escalera.

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