Suerte

Vuelven los viejos conjuros.

Miles de estampas nos exigen ritos continuos y mitóticos para conformar a la suerte y que se ponga de nuestro lado.

Cuando todo falla nos queda la fortuna como clavo ardiendo. Un golpe de suerte buscado mediante una lampara en aceite, una carta en cadena, un naipe o una rama de perejil.

Agatodemon, San Pancracio, Fortuna.

Los hados sirven como eximente de nuestra responsabilidad, achacándole a la suerte nuestros errores y colgándole nuestros triunfos. No obstante, no derramo sal, ni abro un paraguas bajo cubierto y por supuesto, le doy la vuelta al pan cuando queda la cruz hacia arriba.

Y me sigue estremeciendo el canto del mochuelo.

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