Trece

Deja atrás tu triscaidecafobia: hablamos del trece.

Primo, no inter pares sino entre once y diecisiete; séptimo número de Fibonacci. De los trece que asistieron a la última cena dos murieron y de ellos uno resucito, como él, de entre los muertos. En ese capítulo del Apocalipsis se narra la venida del anticristo.

Le han intentado eliminar de todo como a un maldito Trotsky para negar su existencia pero no hay un Mercader capaz de mirarle a la cara y clavarle un piolet. Han suprimido plantas de edificios, dejando el hueco para que él no aparezca, le culpan de la caída de naves espaciales y de los males de la humanidad, chivo expiatorio de esta civilización acomplejada.

Ha resistido entre sombras los constantes ataques de los biempensantes, alejado de la luz su tez se ha vuelto blanca. De vez en cuando asoma su ridícula y oxidada espada, más por costumbre o pudor. Pero su pluma… ¡ah su pluma! Es afilada, mortal, rápida, excitante, precisa, valiente, implacable, bisturí que nos saja en carne viva y nos hace apretar los dientes sintiéndonos vivos, manteniéndonos despiertos y alerta.

O terminaremos recitando odas al progreso y se habrán salido con la suya

Tierra Trece.

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