Vida Social

Tomelloso ha sido un pueblo bastante alegre de bragueta, desde siempre han existido casas de lenocinio (y aún hay bastantes). Durante la guerra y en la posguerra la manida idea de la moral que tenemos se fue al traste en lo referente a los negocios de prostitución (el concepto de una moral católica puritana y el de una sociedad izquierdista tolerante).

Durante la República, abiertas al público existían la casa de la Carmen, la de Las Pichelas, la casa del Ciego y Villa Pepita. Ya el mismo 18 de Julio de 1936 se quiso prohibir que las putas se bañaran en el canal. En abril de 1937, un concejal:

«rogó no se tolere se pasee en automóvil a las prostitutas en tanto carece el Gobierno de gasolina para atenciones de guerra»

El 28 de Enero de 1938 llega al municipio orden de cerrar las casas de prostitución abiertas en la ciudad y

«se atienda a proporcionar medios dignos de subsistencia a las mujeres que por la medida interesada queden sin ellos»

El 11 de marzo de 1938 se da la orden para cumplir la citada norma. Desde entonces estas mujeres siguieron practicando clandestinamente su oficio, irónicamente como la Iglesia, recuperando los dos todo su esplendor con la llegada de los nacionales.

Desde 1940 existe documentación referente a los prostíbulos de Tomelloso. Incluso existen modelos para petición de autorización para abrir casas toleradas de prostitución. Se exigía la afección al Movimiento y se investigaba la «conveniencia moral para acceder a tal solicitud» y en caso de autorización se debían de adoptar las «medidas de higiene y sanidad que están prevenidas». Aunque parezca mentira, en España existía una ley que perseguía la prostitución y no se sabe bien por qué esta actividad era tolerada y controlada por el Ayuntamiento y el Gobierno en Tomelloso.

En 1942 había tres casas legales: la de la Lina, la del Ciego y la de la Carmen y tres «no toleradas», la de María del Carmen S., la de la Angelita y la de la Custodia H. No se podía vender alcohol en los prostíbulos. Al final de la década, abrieron casa la María la Peseta y la Leonides. Y las putas más solicitadas de todas las casas eran  las Moras, las Pichelas, Emilia la Coja y las Catalanas, que no eran de Cataluña si no que por su corpulencia las asociaban a las mulas del Principado. Los precios iban de las 11 a las 16 pesetas, las catalanas cobraban 26, por ser las más solicitadas. Seguía habiendo prostitución clandestina muy poco o nada tolerada.

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