Dislexia

Siempre estoy aplazando la deseada excursión en el confortable Ford —Mustang, off course— a Potts County. El bueno de Nick Corey, al que no veo desde hace siglos, insiste en invitarme todos los años. Invariablemente la primera semana de diciembre recibo dentro de un sobre alargado, de formato americano y orlado con los aéreos colores de las barberías, una carta mecanografiada con la vieja Ardler portátil lacada en rojo, regalo de un tendero de la calle principal —según me contó el mismo Corey— para que hiciese la vista gorda en un asunto referente al pago de una tasa con la que el municipio gravaba al comercio. Ya se sabe como es el gandul de Nick, el sheriff más lerdo y vago del sur, prefiere aceptar un regalo antes que efectuar una denuncia, aunque todo se sepa en un pueblo de 1280 almas. Cuando alguien recrimina su comportamiento, pone cara de bobo —sin apenas esfuerzo— y declara:

—Yo sólo soy un sheriff del sur.

En las puntuales misivas escritas a máquina, el abúlico guardián me felicita tarde el Thanksgiving. Hace un repaso somero del año que acaba, con la redacción de un niño de siete años y sin disimular su galopante dislexia. Cuenta el odio que siente por su cuñado retrasado al que su mujer, Myra, da más que cariño fraternal y lo mal que ella lo trata. Se queja de la insistencia del alcalde por hacerle trabajar, aunque él sigue aplicándose la máxima de que sólo se detiene a un tipo cuando no hay más remedio. Me refiere sin pudor y con ese lenguaje soez y sudoroso sus encuentros con Amy y Rose. En el último párrafo insiste año tras año en invitarme a pasar unos días en su polvoriento pueblo. El ánimo inicial de emprender el viaje y pasar unos días en compañía de un viejo amigo se va diluyendo con el paso del tiempo, hasta no quedar en verano ni un rescoldo.

Este año necesariamente he de ir a ver a mi camarada en cuanto encuentre un par de semanas libres.

En la última carta me cuenta como ha conseguido ganar las elecciones, a pesar de que todos creían lo contrario. También detalla como se ha librado de ser acusado por matar a dos chulos de un burdel que se le pusieron farrucos. Relata como se ha deshecho de sus amantes, su esposa y el parvo de su cuñado. Acaba el resumen del año describiendo como ha limpiado de escoria su pueblo. Afirma que él ha sido elegido por El Creador para ser el bisturí que elimine los abscesos purulentos de Potts County sin importancia del medio.

Ya sabía yo que el bueno de Nick era más listo de lo que aparentaba. Siempre he sentido un cariño especial por ese bribón.

Es que el polvo une mucho.

P. S.

Gracias a Berta Rivera ( @Berta1974 )  por la idea.

Esta entrada pretende ser un humilde homenaje a «Pop. 1280» (1280 Almas) de Jim Thompson, para mi la mejor novela negra.

httpv://www.youtube.com/watch?v=d6UGALNsTDY&feature=fvst

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