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	<title>Yo tuve el ombligo frio</title>
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	<description>El blog del gasolinero</description>
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		<title>Basilio no es débil</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 16:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Basilio es un tipo con poca personalidad y barba rala y gris. Basilio gasta gafas, cómo quien esto escribe, desde siempre y las lleva desde siempre sucias. Las gafas de Basilio, según su abuela, parecen «dos adobes»; para la abuela (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/basilio-no-es-debil/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Basilio es un tipo con poca personalidad y barba rala y gris. Basilio gasta gafas, cómo quien esto escribe, desde siempre y las lleva desde siempre sucias. Las gafas de Basilio, según su abuela, parecen «dos adobes»; para la abuela de Basilio el adobe era el epítome de la suciedad. Basilio se mira cada mañana al espejo, sin gafas, a ver que ve; pero no ve nada, solo la misma cara anodina de todas las mañanas. De vez en cuando saca la punta de la lengua o guiña un ojo delante del espejo, más que nada por reafirmar que no es tan soso como la gente dice y a la vez  (¡qué narices!), por dar una nota de color al aseo matutino.</p>
<p style="text-align: justify;">Los adobes son ladrillos hechos con barro y paja y secados al sol. Es lo que fabrican los israelitas en la película Los Diez Mandamientos mientras el egipcio calvo les sacude con el látigo de siete colas. Las casas hechas de adobes son fresquitas en verano y calientes en invierno. Basilio oyó contar a su madre una historia de sufrimientos humanos en la que había mujeres que recogían polvo de los caminos para hacer adobes, pero no está seguro. La madre de Basilio estiraba las historias hasta límites insospechados e hiperbólicos, aun sin saberlo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los tapiales son muros levantados con tierra encofrada y compactada con un pisón. Mientras se extiende la espuma en la cara Basilio recuerda que una vez vio reconstruir uno, con mucho aparato a alarifes jubilados, en una muralla del museo del carro. A lo mejor su abuela quería decir que tenía los cristales de las gafas como tapiales, piensa, le parecen más sucios que los adobes.</p>
<p style="text-align: justify;">Basilio es un hombre con poca doblez y sentimientos ciertamente primarios; solo<a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/adobes.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6297" style="margin: 10px;" title="adobes" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/adobes-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a> tiene de bizantino el nombre. Basilio sabe que esta crisis no es la primera y que hubo antes muchas más, pero cree a pies juntillas que esta es insaciable. Basilio recuerda, y se estremece, como los viejos de antes, de cuando él era un crío, lo arreglaban todo con una guerra, veían en el jinete del caballo rojo la solución a todo. Sobramos nosecuantos millones, decían, y eso solo se consigue con una guerra. Sin embargo Basilio piensa que se está librando una guerra cruentísima, sin cañones, ni fusiles y que él es una víctima.</p>
<p style="text-align: justify;">La vida de Basilio no ha sido un camino de rosas y en cada recodo se ha ido dejando un trozo de alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Basilio calla casi siempre: le gusta más actuar. Trata a todo el mundo con educación. A Basilio no le gustan las discusiones y las evita todo lo que puede. Hay gente que confunde la educación de Basilio con debilidad y mansedumbre. Pero él sigue callando mientras puede. También es humilde e intenta pasar lo más desapercibido posible, lo que uno es, es y por mucho que cacarees vas a seguir siéndolo.</p>
<p style="text-align: justify;">A Basilio en otra crisis anterior —esta vez personal— lo tuvo un hermano trabajando, como obra de caridad y engrandecimiento humano. Una mañana de confesiones y condescendencias, el hermano le dijo:</p>
<p style="text-align: justify;">—Lo que pasa es que tú eres muy débil, Basilio.</p>
<p style="text-align: justify;">Y Basilio, a pesar de la idea inicial, aquella mañana respondió tras una larga pausa.</p>
<p style="text-align: justify;">—No. No soy débil. Soy alcohólico y vivo en una sociedad rodeada de alcohol. Y no bebo. No, no soy débil. El hecho de que no entre en vuestro juego de jactancias, babas y estúpidas competiciones a ver quien orina más lejos no me hace más débil. Prueba a hacer lo que yo hago y verás cómo no puedes. No. No me llames más veces débil.</p>
<p style="text-align: justify;">Y cada uno siguió a lo suyo.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=0NKLjYY6JGw">http://www.youtube.com/watch?v=0NKLjYY6JGw</a></p>
<p></a></p>
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		<title>Don Antonio, el maestro</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 16:41:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recuerdos algo matizados]]></category>
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		<category><![CDATA[recuerdos]]></category>
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		<description><![CDATA[Pudo haber sido en una parroquia de barrio, sin oropeles y repleta, en una calurosa mañana de mayo. Una iglesia de fe pura, musical y escandalosa, con gente arreglada y oliendo a domingo. Cada tanto el cura se asoma por (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/don-antonio/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Pudo haber sido en una parroquia de barrio, sin oropeles y repleta, en una calurosa mañana de mayo. Una iglesia de fe pura, musical y escandalosa, con gente arreglada y oliendo a domingo. Cada tanto el cura se asoma por la puerta de la sacristía, sonriente y con descaro comprueba cómo se va llenando la bancada. El coro calienta voces, por bajini, tararea los Sonidos del Silencio; la letra es el Padrenuestro. Hace calor, el sol entra a raudales por las pulcras cristaleras de honrados motivos menestrales y agrícolas.</p>
<p style="text-align: justify;">Gracias a dios siempre se distinguió de los pedagogos y afortunadamente nunca llegó<a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/365_Jose-Antonio-g.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6292" title="365_Jose Antonio (g)" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/365_Jose-Antonio-g-300x216.jpg" alt="" width="300" height="216" /></a> a ser uno de ellos. Se quedó en maestro. Pienso que accedió al oficio dada la inexistencia de una vacuna y que por ello, en lugar de ser yuntero lo matricularon en la escuela de magisterio. Este narrador no recuerda nunca haberlo visto vestido de negro, como los huertanos valencianos y los empleados de las funerarias. Primera de las cinco características enunciadas por el Excelentísimo Señor Camilo José Cela Trulock  —marqués de Iria Flavia— que identifican a los pedagogos  (la segunda una considerable acidez de estómago, la tercera la omisión de la higiene dental, la cuarta que escupen salivitas al hablar y la quinta desear la muerte entre horribles padecimientos a una clase particular de niños). El señor marqués, en vida, era muy dado a declarar y definir nóminas de particularidades intrínsecas de determinados colectivos, como las nueve señales del hijo de puta, que han hecho mucho por el bien común y por la claridad de las cosas.</p>
<p style="text-align: justify;">Poca gente lo sabe, pero llegó en un ciclomotor rojo a un viejo edificio de dos aulas, estufas de carbón y alumnos pertenecientes en exclusiva al género maromo. Al principio cayó mal, incluido a este narrador aunque no le diese lección, ya que se empeñaba en impartir las clases. Este acto que puede parecer tan lógico, no lo era en aquella escuela, en la que el otro dómine y titular de quien esto escribe, un inveterado anciano a punto de la jubilación y que desasnó a varias generaciones de lugareños, en cuanto hacía buena tarde y la alumnada le tocaba las palmas, nos llevaba a las eras a esparcirnos. Él se empeñaba en afearle la plana al anciano profesor y los zagales le tomamos coraje.</p>
<p style="text-align: justify;">Unos años después volvimos a encontrarnos con el citado mentor. La vida y sus vueltas llevaron a que se celebrase una reedición del famoso concurso televisivo «Cesta y Puntos» patrocinado por una caja de ahorros ahora en el candelero, en la que en principio, competirían todos los colegios locales, optando la escuela ganadora a participar en  fase provincial, etcétera. Servidor fue seleccionado para la escuadra y el entrenador sería el reiterado preceptor. Nos rebajaron de clases y regresamos al viejo edificio para nuestra preparación.  Pasamos unas semanas, o meses que no consigo recordarlo, de armonía y compañerismo que me hicieron mirar al profesor de otra forma, teniéndolo desde entonces en la más absoluta de las consideraciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Supo transmitirnos la curiosidad, la naturalidad de los conocimientos y que el saber cosas no era algo malo que hubiese que llevar en secreto. Tras un sinfín de anécdotas, quedamos los segundos en la competición. Siempre he considerado a nuestro entrenador como el mejor maestro de los que han pasado por mi vida escolar, aún a pesar de no haberme dado clase.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras ensaya el coro, afinan las guitarras y los chiquillos hablan varias octavas por encima de lo comúnmente aceptado como normal, se oye en el banco de atrás una voz conocida:</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Qué calor hace esta mañana!</p>
<p style="text-align: justify;">Al volvernos es don Antonio, el maestro.</p>
<p style="text-align: justify;">—Es que yo no tengo el ombligo frío como Francisco.</p>
<p style="text-align: justify;">Pudo haber sido en una parroquia de barrio una calurosa mañana de mayo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Nota</strong>: <em>(“Yo tuve el ombligo frío” es el nombre de este sitio donde con trabajo uno escribe; el hecho de que el idealizado profesor por medio de la ironía declarase que lo leía, supuso que la autoestima subiese como en esas atracciones de feria, en las que hay que dar con un mazo en un resorte para que suba una pieza que hará sonar una campanilla. Y que el orgullo de Mari Carmen alcanzase niveles ya olvidados por entonces.)</em></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=kxp-69rv4DU">http://www.youtube.com/watch?v=kxp-69rv4DU</a></p>
<p></a></p>
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		<title>El chiflo del afilador</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 18:23:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[palabras]]></category>
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		<description><![CDATA[Hay gente que a la flautilla de Pan que hacen sonar los afiladores como reclamo le llaman chiflo; otros le dicen siringa; también  zanfoña, siku, antara, fusa, etcétera. Hay pocas profesiones que han logrado tener un sonido tan identificativo como (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/el-chiflo-del-afilador/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="text-align: justify;">Hay gente que a la flautilla de Pan que hacen sonar los afiladores como reclamo le llaman chiflo; otros le dicen siringa; también  zanfoña, siku, antara, fusa, etcétera. Hay pocas profesiones que han logrado tener un sonido tan identificativo como el del chiflo de los afiladores, esa de suerte de jingle que una vez oído nadie duda de que aparecerá un orensano armado de una piedra de afilar.</p>
<p style="text-align: justify;">Un almagreño hipotenso, con traje ceñido y de la ucedé me contó una vez que cuando Armstrong llegó a la luna se encontró allí a un tipo de Nogueira de Ramuín que pretendía afilarle lo que hiciese falta del módulo lunar, sin traje de astronauta ni nada. Y que al poco llegó una furgoneta de Bolaños de Calatrava voceando pollos y gallinas:</p>
<p style="text-align: justify;">—¡El pollo gigante, la pollita ponedora, los pollitos de colores!</p>
<p style="text-align: justify;">Según contaba el centrado almagreño, la NASA ha mantenido todo eso en secreto.<a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/CHIFLO-DE-MADERA-DE-BOJ.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6289" style="margin: 10px;" title="CHIFLO DE MADERA DE BOJ" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/CHIFLO-DE-MADERA-DE-BOJ-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a> Consideraron que sería un fracaso e incluso un pitorreo mundial que el personal se enterase que después de gastar todo ese dineral y haber realizado el sinfín de pruebas y experimentos previos que tuvieron que hacer, hubiesen llegado antes un gallego en una bicicleta y un manchego en una DKV; a pulmón.  Por lo visto, el arcano solo está al alcance de unas pocas mentes superiores y privilegiadas, que se fijen y sepan leer entre líneas.</p>
<p style="text-align: justify;"> —Póngame usted otro chinchón María.</p>
<p style="text-align: justify;">Para hacer los pollos de colores, en Bolaños de Calatrava, provincia de Ciudad Real, llenaban cuatro o cinco artesas con pintura al agua de alegres tonos, echaban una almorzada de pollitos en cada una. El que no se moría ahogado o intoxicado valía para la venta.</p>
<p style="text-align: justify;">—Lo que le he dicho de la Luna, amigo Francisco, no se lo cuente ni a su señora madre pues nos va la vida en ello… Hágame usted el favor de rellenar la copa doña María.</p>
<p style="text-align: justify;">No obstante, en Almagro son muy dados a sacar consecuencias precipitadas de todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Parece ser que los orensanos aprendieron este oficio de los franceses, quienes tenían el monopolio de la técnica y el arte necesarios para afilar. Cruzaban a España recorriendo  pueblos y aldeas ofreciendo sus servicios. Los gallegos cayeron en la cuenta de que aquello, si lo hacían los de allende los pirineos, no debería ser demasiado difícil. Reunidos los ancianos de Nogueira de Ramuín, Esgos, Xunqueira de Espadeño, Pereiro de Aguiar y de Caldelas, decidieron por unanimidad que dada la escasez de las cosechas, era necesario aprender ese oficio y salir a los caminos a hacer lo mismo que los gabachos. Para ello mandaron a Francia a Xan Blanco, de Caldelas, que parecía despabilado, para que trajese a Galicia el arte del afile ambulante.</p>
<p style="text-align: justify;">—Pues yo, amigo Francisco, conocí a un picador retirado que tuvo que vender la pierna de hierro porque no se podía quitar el hambre a puñetazos. Se la vendió a uno de Socuéllamos que empezaba en el oficio y que había sido matarife. Creo que le dio trescientas mil pesetas.</p>
<p style="text-align: justify;">Los afiladores antes arreglaban también los paraguas. Los afiladores anuncian su presencia con escalas en el chiflo (ascendentes y descendentes). Algunos intentaron sustituir la familiar llamada del chiflo por el estridente chirrido de una ballena de paraguas al rozar con la rueda de afilar. Parece ser que el sonido era tan desagradable que en Valencia llegó a prohibirse explícitamente, y la gente tiraba cubos de agua por el balcón al afilador que lo utilizaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta agradable mañana, casi veraniega, al poco de la amanecida he oído el familiar y agudo sonido de la siringa en el barrio. Cuando he percibido la cercanía de la escala, he salido a la calle pensando ver al afilador y comprobar su maña en mover la zampoña de un lado a otro y tirar del carro. Cual ha sido mi sorpresa al descubrir que era una grabación que sonaba a través de un altavoz colocado en el techo de una furgoneta último modelo.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que las ciencias avanzan que es una barbaridad.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=nQX99B6UruE">http://www.youtube.com/watch?v=nQX99B6UruE</a></p>
<p></a></p>
</div>
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		<title>Los derechos asertivos</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 07:04:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El verdadero cambio —creo modestamente— llegó cuando desaparecieron de las calles los perros callejeros, anuentes, con el rabo cortado y las orejas gachas. Servían de distracción a los salvajes niños de aquellos años con calles de tierra. Apedrear perros entretenía (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/los-derechos-asertivos/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El verdadero cambio —creo modestamente— llegó cuando desaparecieron de las calles los perros callejeros, anuentes, con el rabo cortado y las orejas gachas. Servían de distracción a los salvajes niños de aquellos años con calles de tierra. Apedrear perros entretenía mucho; recuerdo a futuros energúmenos arrobar la cara y extasiar las facciones al atinar con el cantazo en el lomo del chucho y que éste clamase con ese aullido desalentador y profundo que emiten los animales cuando sienten el dolor. Las criaturitas de entonces torturaban animales por pasar el rato y sin mala conciencia; como quien no quiere la cosa. Los adultos, salvo raras y honrosas excepciones, pasaban de largo y sonreían satisfechos pues las nuevas generaciones no se habían perdido del todo.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/Perro-de-Goya-740387.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6284" style="margin: 10px;" title="Perro de Goya-740387" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/Perro-de-Goya-740387-300x266.jpg" alt="" width="300" height="266" /></a>Incluso la pareja, siempre tan estirada, tan marcial y con ese acento tan extremeño, cuando pasaban cerca de alguna lapidación canina hacían la vista gorda. Gracias casi siempre a la compresión del cabo; hombre recto, con pies de muerto y de Castuera, provincia de Badajoz. El guardia, a pesar del galoncillo amarillo, era morfológicamente un gañán; también prácticamente, pues gobernó el timón del arado en su mocedad en La Serena.</p>
<p style="text-align: justify;">—Mi cabo, que están los guachos apedreando a un perro.</p>
<p style="text-align: justify;">—Déjelos que disfruten Mazoteras, déjelos que disfruten.</p>
<p style="text-align: justify;">Era un dibujo a trazo grueso, una pintura negra de aquellos  negros años, que no sabe uno si terminó por un cambio en las actitudes, o porque cuando asfaltaron las calles no quedó ningún canto para lanzar.</p>
<p style="text-align: justify;">Hablando de actitudes y cambios, el tratamiento de determinados problemas dentro del trabajo ha sufrido una evolución espectacular en los últimos años —este era inicialmente el contenido de la pieza, pero no sé si es por la ya provecta edad, pero cada día uno se dispersa más y ahora, claro, hay que resumir para ocupar un folio más o menos—. Las empresas intentan sacar el máximo rendimiento laboral a sus trabajadores, no amarrados al duro banco de una galera turquesca, sino aplicando los conocimientos de las nuevas disciplinas implantadas en los recursos humanos. Se entrena a la plantilla para que descubran sus aptitudes, como usarlas en el equipo, etcétera. Coaching, me parece que se llama.</p>
<p style="text-align: justify;">En una importante empresa el “coach” le dijo al jefe de mantenimiento que tenía que hacer un cursillo de “asertividad”. El tipo era un malaje, mal encarado y vocinglero al que todos temían, pero nadie respetaba. Cada orden, cada corrección del más mínimo fallo, eran agresiones verbales. Tenía al equipo más quemado que los palos de un churrero y había conseguido un rendimiento mínimo en el departamento.</p>
<p style="text-align: justify;">El hombre se aplicó con afán al cursillo que le daban los lunes, miércoles y viernes a las ocho de la tarde en uno de los más importantes gabinetes psicológicos de la cuidad. Al mes de acabado tuvo una comida con el consultor que lo mandó, para valorar el asunto.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Has notado el cambio?</p>
<p style="text-align: justify;">—Estamos mucho mejor, dónde va a parar. Esto lo tenía que haber hecho antes. —le dice al “entrenador”— Se nota que gracias al curso sé tratar mejor a los muchachos.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Y qué has hecho para lograrlo? —dice el profesional en ese tono de suficiencia que usan los médicos especialistas.</p>
<p style="text-align: justify;">—Ya no le digo al que se equivoca «hijoputa te voy a matar»  a voces y delante de todo el mundo. Ahora se lo digo al oído y si puedo, a solas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=ZY_byFYO8Fo">http://www.youtube.com/watch?v=ZY_byFYO8Fo</a></p>
<p></a></p>
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		<title>El profesor Villasevil y el periodismo</title>
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		<pubDate>Thu, 03 May 2012 16:48:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión (modesta, eso sí)]]></category>
		<category><![CDATA[opiniones]]></category>
		<category><![CDATA[palabras]]></category>
		<category><![CDATA[prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta mañana, hace unos minutos como quien dice y gracias a las maravillas del teletransporte, mientras paseaba por las recoletas calles del Madrid de los Austrias —actividad que te recomiendo adelantado lector, sólo has de poseer la máquina adecuada y (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/el-profesor-villasevil-y-el-periodismo/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Esta mañana, hace unos minutos como quien dice y gracias a las maravillas del teletransporte, mientras paseaba por las recoletas calles del Madrid de los Austrias —actividad que te recomiendo adelantado lector, sólo has de poseer la máquina adecuada y el estado de ánimo preciso para desmenuzarte en moléculas y volver a juntar tus átomos en la calle del Codo, pongo por ejemplo— me ha dado un vuelco el corazón. Por la misma acera y caminando hacia mí me ha parecido distinguir a don José Villasevil, profesor mío que fue de lengua española y literatura en castellano; gramático, inventor de palabras y geómetra aficionado. Idear vocablos le ha reportado una somera fama y un reloj de pulsera bañando en oro y con mecanismo de Tourbillón gracias a «fumiento», que viene a ser la persona que tiene muchas ganas de fumar.</p>
<p style="text-align: justify;">Este don José, en los años en que nos aleccionaba, se preparaba para ser cabalista; también era holista y apocalíptico. Buscaba señales de la fin del mundo en los escritos de don Álvaro Cunqueiro, periodista gallego, sobre todo en «Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca». Las largas noches del invierno manchego y los vapores del brasero de picón le llevaban en busca de alguna pista del Armagedón en los relatos del escritor de Mondoñedo. Se distinguía por su calculado desaliño indumentario de ropa cara y jerséis de colores del parchís; el pelo livianamente rizado y la mirada insufriblemente torva. Usaba argumentos muy ecuánimes y razonados y tenía una explicación para cada asunto, hecho o cuestión: un Juan de Mairena más aseado.</p>
<p style="text-align: justify;">El profesor Villasevil consiguió imbuirme el amor por las letras durante los escasos <a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/newspot.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6278" style="margin: 10px;" title="newspot" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/05/newspot.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>años que tuteló mis estudios. A los dos o tres cursos obtuvo el ansiado traslado a Madrid y dejamos de vernos. Confieso que he seguido sus pasos en los periódicos y las revistas del ramo. Siempre lo he admirado y ahora lo columbraba a escasos metros. Como he señalado, el corazón me ha dado un vuelco. Al encontrarnos nos hemos mirado de arriba abajo y nos hemos abrazado. Un abrazo largo con golpecitos en la espalda. Ha dejado los suéteres irisados y viste traje gris sin concesiones, pero sin corbata. El pelo tordo y escaso y la mirada igual de torva; he descubierto un leve bizqueo que no recordaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras ponernos al día, me ha referido que ha sido profesor en la facultad de periodismo, impartiendo expresión escrita a los futuros plumillas. Dada la hora hemos ido a tomarnos un café. Hemos ido a un bar de esos mañaneros que venden churros, con parroquianos repeinados hablando a voces. Le comentado mi incorporación a El Diario Fénix y dada la fecha (hoy 3 de mayo es el día internacional de la libertad de prensa) hemos departido sobre la crisis del periodismo.</p>
<p style="text-align: justify;">—Los periodistas, especialmente los nuevos, cada vez cuidan menos la redacción, economizan las palabras —me ha contado el profesor— son capaces de usar tres veces el mismo sustantivo en una frase. Algunos de mis alumnos piensan que sinónimo es el nombre de alguna perversión inconfesable. Tampoco se documentan.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos seguido con el tema, el señor Villasevil se ve que se ha animado con el café y las tres porras que se ha metido entre pecho y espalda.</p>
<p style="text-align: justify;">—La profesión, al menos en nuestro país, quedó tocada cuando los periodistas dejaron de ser meros relatores de noticas y empezaron pasarlas por el prisma de la subjetividad de su ideología. —sostiene— El que un tipo se confiese como «periodista progresista» o «periodista conservador» o  adventista del séptimo día, beneficia poco a este noble oficio de notarios de la vida. —tras pedir un Chinchón, darle un sorbo y mirar la tele unos segundos, sigue con  el circunloquio— Y lo peor son los que yo llamo palanganeros del poder, esos que inquebrantablemente defienden al partido que manda si este se corresponde con su ideología o con la de quien les paga el salario. O los de la crítica evanescente: atacan al poder, pero cuando gobierna el  partido contrario a su línea editorial.</p>
<p style="text-align: justify;">Se hace tarde y don José parece que no tiene prisa.</p>
<p style="text-align: justify;">—Si Berstein y Woodwar hubiesen sido periodistas de ****** y Nixon del PSOE, el Watergate habría dormido el sueño de los justos. Pero no creas que si trabajasen en el ****** y Nixon fuera del PP lo habrían sacado en primera plana, no, el artículo hubiera acabado en el contendor azul.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos hemos despedido con otro abrazo y me he teletransportado de vuelta: era tarde y tenía un artículo que escribir.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=x_6o-OYOOTw">http://www.youtube.com/watch?v=x_6o-OYOOTw</a></p>
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		<title>Un asunto de orejas</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 15:23:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[palabras]]></category>
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		<category><![CDATA[tomelloso]]></category>

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		<description><![CDATA[Paquito nació primerizo y sietemesino. Llegó antes de tiempo, este hecho fue una constante en su vida. Durante todos sus días sufrió de puntualidad crónica y compulsiva, siempre llegaba cinco minutos antes, que sumados a los quince que, según el (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/un-asunto-de-orejas/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Paquito nació primerizo y sietemesino. Llegó antes de tiempo, este hecho fue una constante en su vida. Durante todos sus días sufrió de puntualidad crónica y compulsiva, siempre llegaba cinco minutos antes, que sumados a los quince que, según el Instituto de Estadística, se llega con retraso en la zona de prospección del  organismo mensurador, debía esperar un mínimo de veinte minutos. Esa espera resultaba insoportable y dañina y le fue agriando el carácter hasta hacerlo insoportable. Paquito, ya don Paco, acabó sus días renegando de la especie humana, desahuciado por la ciencia y recluido en un sanatorio regentado por las Hermanitas de la Caridad;  lo llevaron sus deudos tras haber destruido —meticulosamente y con un piolet— todos los relojes de su vivienda y ciscarse públicamente en Cronos.</p>
<p style="text-align: justify;">Paquito, como decimos, nació sietemesino. Parecía un conejo desollado, lo tuvieron que meter entre botellas de gaseosa llenas de agua caliente que hicieron las veces de incubadora. Los envases de la bebida llevan un tapón cerámico accionado por una especie de muelle muy aparente e icónico, la estanquidad del tapón, necesaria para que el refresco carbonatado no pierda el gas, se consigue con una junta plana de color naranja que se coloca entre el tapón y el gollete del envase. Estas piezas flexibles se llaman corchetas y van muy bien para equilibrar el vuelo de las chapas, junto con la cera de abejas. Las mejores, dicho como servicio e interés público, son las de los botellines de vermut italiano de las casas Martini y Cinzano. Paquito fue el primero de los nietos y sobrinos de su familia. Tras el precoz alumbramiento los tíos pasaban a verlo, de uno en uno, con gesto serio, cabeceando y sin poder contener las lágrimas: no llegaría a la noche.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente para Paquito y para este relato, las botellas de gaseosa y los rosarios de la abuela obraron el milagro y la criatura levantó el vuelo. Pero como por todo hay que pagar un precio, a Paquito aquellos meses entre cristal, lamparillas de aceite y llantos le dejaron una secuela: las orejas se le quedaron separadas del cráneo y completamente perpendiculares a la testa. Si tuviéramos que describir gráficamente el hecho, dijéramos que su cabeza parecía un azucarero; o un seiscientos con las puertas abiertas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/medida.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-6271" style="margin: 10px;" title="medida" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/medida.jpg" alt="" width="300" height="224" /></a>Un día, pasados tres o cuatro años de su nacimiento, a Paquito le asaltó una preocupación: tener una oreja más grande que otra. Si a duras penas aguantaba que los niños le llamasen «el orejas», sería imposible y vergonzoso que lo mentases como «el orejas desiguales».  Se miraba en el espejo del lavabo, pero no le resolvía la duda, era tan pequeño que no le sacaba las dos bacaladas a un tiempo. Lo mismo ocurría con los de la casa de la abuela, dónde casi siempre estaba. Descubrió un método para medir y comparar las orejas con la mano: las cogía entre los dedos, las dos a la vez, y llevaba la medida a pulso, con cuidado y por el aire para ver si casaban o no. Para salir de la duda, y con el constante uso, se convirtió en un especialista, prodigaba la comparación con fruición y había días que podría efectuar cinco o seis mil medidas.</p>
<p style="text-align: justify;">Con la abuela en el corral, y mientras esta cazaba alguna gallina para una pepitoria era capaz de medirse las orejas treinta y cinco veces, sin inmutarse por el sangriento espectáculo. La abuela era una fanática de las gallinas Leghorn, raza rústica, muy prolífica y capaz de poner unos 300 huevos al año. Pero de vez en cuando, sobre todo en fiestas señaladas le retorcía el cuello a alguna.</p>
<p style="text-align: justify;">—¿Qué haces Paquito? —le decía la abuela mientras decapitaba la gallina.</p>
<p style="text-align: justify;">—Me mido las orejas.</p>
<p style="text-align: justify;">A los pocos meses se le pasó a Paquito la preocupación orejil. Le pusieron gafas —muy monas, de pasta negra, hacían juego con el lacito de la misma guisa que el del sheriff Will Kane con el que su mami le ornó el cuello— y el desasosiego se le mudó: que no feneciesen los recientes anteojos de un cantazo.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=P1HB__jsleI">http://www.youtube.com/watch?v=P1HB__jsleI</a></p>
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		<title>Sin perdón</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 16:33:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión (modesta, eso sí)]]></category>
		<category><![CDATA[opinion]]></category>
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<p style="text-align: justify;">Vivimos en una jodida novela de Dickens a la que, de momento, no se le ve el final y los nuevos capítulos son cada vez más negros y sombríos. El paro aumenta y la desesperación lo hace en proporción geométrica. Los guarismos del desempleo están formados por personas, a pesar de la aséptica neutralidad de los números. La frialdad de las cifras consigue desenfocarnos de la realidad y logra que no seamos conscientes de que somos nosotros los que formamos esos cinco millones seiscientas y pico mil personas. «Cuando matas a un hombre le quitas todo lo que tiene y todo lo que podía haber llegado a tener, le quitas lo que es y todo lo que podía haber llegado a ser…», la escalofriante frase de Clint Eastwood define como pocas la realidad del desempleo, el desánimo y la inexorabilidad de los acontecimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, en esta época meliflua, las penas son personales e intransferibles. No está bien<a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/ate.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6268" style="margin: 10px;" title="ate" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/ate.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a> visto quejarnos, ni mucho menos aguantar las quejas de los demás. Escondemos las penas como antes escondimos a la muerte por mor del mundo feliz que nos queremos dar. Si acaso se nos ocurre presentarnos en carne mortal ante nuestros amigos, conocidos, familiares, coetáneos de las redes sociales, etcétera, veremos como en sus caras o en sus mensajes se dibuja un rictus de aburrimiento o cansancio. El pensamiento positivo se ha instalado y la culpa de nuestros fracasos es nuestra y solo nuestra: hay que sonreírle a los problemas, darle la vuelta a los fracasos, como si fuesen un calcetín y convertirlos en oportunidades. Reinventarnos, desaprender, aguantar y callar; eso sí, con una sonrisa de gilipollas dibujada en nuestra carita.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada vez somos más insolidarios, a pesar de que se nos llene paradójicamente la boca de solidaridad, palabra mágica y multiusos: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Nos agotan los problemas de los demás. La empatía y la compresión han desaparecido de los usos sociales, si alguien nos cuenta un problema, necesariamente hay que contarle otra pena mayor, para desactivar su queja en una suerte de macabra competición parecida a las que los ancianos establecen en la sala de espera de la consulta del médico.</p>
<p style="text-align: justify;">Anoche escuché al presidente de Cáritas de Tomelloso relatar que los voluntarios de la organización tenían un doble dolor. El de tener que contemplar y paliar la desesperación, el desánimo y el hambre de casi dos mil familias del pueblo. Y el terrible y desconsolador, afirmó, de darle la bolsa semanal de comida a personas desahuciadas por la vida, sabiendo que algunos tienen hermanos, no de fe, sino de carne, a los que la vida los ha tratado bien, que se pasean en Mercedes y no mueven un dedo para ayudar a sangre de su sangre.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque afortunadamente hay historias que nos recuerdan lo mejor del género humano. Esta mañana, sin ir más lejos, se me han saltado las lágrimas oyendo la radio. Un indigente, próximo a cumplir la treintena ha contado en antena su situación: no tiene trabajo, no cobra ningún subsidio, vive en una caseta que se ha hecho con palets en un polígono del cinturón de Madrid. El tipo está fastidiado pero habla sin resentimiento, incluso deja traslucir alegría en sus palabras. Ha llamado un panadero para ofrecerle un trabajo; el hombre se ha echado a llorar como una Madalena, se ha derrumbado. Dormir una cama, soplarle a una cuchara, darse una ducha, tener algo que hacer, poder tomarse un café y pagarlo con su propio dinero ganado con su sudor: recuperar la dignidad. El panadero le ha dicho, tranquilo chaval que estoy yo tan emocionado como tú, verás como entre todos lo logramos.</p>
<p style="text-align: justify;">Si nosotros no nos ayudamos, ellos —los que nos han metido en esto— no lo van a hacer.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=c0gDqDXpUW0">http://www.youtube.com/watch?v=c0gDqDXpUW0</a></p>
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		<title>Silvino Ortega, el sectario</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 15:59:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personajes]]></category>
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		<description><![CDATA[Silvino Ortega, alias Sedas, es someramente profundo; se queda en las primeras matas de cualquier cosa y no escarba casi nada, o más bien nada, en pos de la opinión. No lo necesita, no obstante, ya que Silvino Ortega (a) (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/silvino-ortega/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
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<p style="text-align: justify;">Silvino Ortega, alias Sedas, es someramente profundo; se queda en las primeras matas de cualquier cosa y no escarba casi nada, o más bien nada, en pos de la opinión. No lo necesita, no obstante, ya que Silvino Ortega (a) Sedas es sectario. También es militante de un partido político, de una de esas organizaciones mayoritarias que piensan que los ciudadanos somos gilipollas (con perdón); lleva más de tres años sin pagar la cuota, pero como el tesorero de la asamblea local de su formación no le reclama el pago, él se hace el desentendido.</p>
<p style="text-align: justify;">Ortega heredó el negocio paterno, una lonja repleta de estanterías de madera llenas de pliegos de tela de todos los colores del espectro, dependientes con los antebrazos metidos en manguitos negros y que medían los retales de tela con varas prismáticas de madera, con las puntas protegidas por embellecedores dorados y que advertían al cliente, clienta generalmente, que este paño es «doble de ancho». Ahora la botica es una franquicia de una marca de ropa ya confeccionada, de moda por lo visto. Quiero decir, que la marca de ropa de moda que vende en su establecimiento se estila ahora especialmente. La redacción la carga el diablo, ya se sabe, y si los conceptos no se aclaran, pueden inducir a la confusión.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/vara.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-6263" style="margin: 10px;" title="vara" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/vara-300x193.jpg" alt="" width="300" height="193" /></a>Sedas sólo usa las varas de medir virtualmente y con distintas unidades, según sea para mensurar los hechos de su partido o los del otro. La que usa para su grupo cada centímetro tiene cinco; la otra, cada centímetro mide una micra. A las opciones minoritarias ni las contempla en su liviano mundo: son morralla, dice, que solo hacen falta cuando no alcanzamos la mayoría. Don Silvino tiene una mente digital, maniquea y feliz que retroalimenta con el boletín de su partido. Cuando le levantan una rueda de molino consagrada para que comulgue con ella, saca mínimamente la lengua, dice amén y para adentro.</p>
<p style="text-align: justify;">Silvino Sedas se declara fan incondicional de Apple y se define como maquero, no se sí con cu o con ce y ca. Cuando puede lo suelta, impúdicamente. Hace poco en el colegio de sus hijos presentaron una plataforma educativa por internet y le faltó tiempo para preguntar que si la aplicación «corría en Apple», dijo. El hecho de que Ortega sea fan de esa marca no tiene nada que ver en su condición de sectario, pero queda bien en los tiempos que corren.</p>
<p style="text-align: justify;">Para Sedas los fallos de su partido son errores y los de los otros son traiciones, incluso los contrarios lo hacen adrede para cargarse conceptos intrínsecos, normas inamovibles y derechos consuetudinarios.</p>
<p style="text-align: justify;">Silvino vive en la calle de este escribidor, en la que como bien sabes lúcido lector, el drama del desempleo ha entrado en casi todas las casas como una plaga bíblica, a pesar de tener los dinteles marcados con sangre de cordero. A tres puertas de Sedas vive otro pequeño negociante, afiliado al partido contrario y con los mismos tics que nuestro amigo. Sólo les une su amor por la manzana mordida; ambos lucen las últimas novedades de la casa sin pudor y con la que cae.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunas veces, al ir a coger el pan, nos juntamos varios vecinos y nuestros colindantes amigos comienzan a discutir, de política dicen que hablan. Se echan en cara, maniqueamente como no puede ser de otra forma, errores pasados, presentes y futuros; hacen juicios de valor en menos que se le dice a un perro «¡vete!» Usan el «y tú más» con fruición y desenfado y en lugar de buscar soluciones, buscan culpas —siempre del contrario—. Intentan ganar dialécticamente la discusión y cuando hablan no miran al otro, nos miran a nosotros, al resto de los vecinos buscando nuestra aprobación. Los demás contemplamos el espectáculo con una mueca de amargura.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando acaban, nos vamos cada uno a nuestra casa, ambos retóricos convencidos de que sus argumentos han humillado  al contrario y convencido al público. Nosotros, con el alma caída a los pies y con cada vez menos esperanzas de salir de donde nos han metido.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=8Nzsh60MQto">http://www.youtube.com/watch?v=8Nzsh60MQto</a></p>
<p></a></p>
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		<title>La vida secreta de los libros</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 10:31:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La calle, llena de desconchones, parece más iluminada de lo que debiera. Nadie en su sano juicio espera un día brillante, con pájaros cantando, entre bombardeos, francotiradores y escombros. Un viejo tocado con un raído gorro de lana levanta el (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/la-vida-secreta-de-los-libros/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La calle, llena de desconchones, parece más iluminada de lo que debiera. Nadie en su sano juicio espera un día brillante, con pájaros cantando, entre bombardeos, francotiradores y escombros. Un viejo tocado con un raído gorro de lana levanta el cierre metálico de una tienda ayudándose de una barra de hierro, cromada y doblada. La persiana de metal emite un chillido aterrador. El hombre piensa que si llega a mañana, dios lo quiera, la engrasará. Cuando atraviesa el umbral del comercio ha cambiado de idea «¿Para qué?». Vende los escasos alimentos que logran atravesar el bloqueo, no pregunta cómo. Enciende la radio; no tiene antena, un alambre torcido capta las ondas hercianas.</p>
<p style="text-align: justify;">La niña de todas las mañanas avanza despacio por la acera, pegada a la pared como le <a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/libros.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-6259" title="libros" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/libros.jpg" alt="" width="300" height="227" /></a>han enseñado. Lleva una mochila a la espalda, un abrigo que fue rojo y un libro entre las manos, forrado con plástico; tiene una portada conocida y universal. Sabe el camino y levanta pocas veces la vista.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>«De tal manera, si les decimos: “La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe”, las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños.»</em></p>
<p style="text-align: justify;">Entra en el colmado, le pide al viejo un bocadillo de fiambre de cordero, lo paga y se va. El anciano vendedor le da unos segundos de ventaja y también sale. La pequeña camina hacia la esquina leyendo y sin despegarse de la pared; al otro lado de la calle está la escuela. Se para en el borde de la acera y pasa la página. El comerciante observa expectante, sabe que cualquier mañana van a reventar a la chiquilla de un tiro al atravesar el cruce más peligroso de la ciudad. Un día u otro. La criatura se persigna, baja la vista al libro y cruza la calle parsimoniosamente.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>«”Era una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…” Para aquellos que comprenden la vida, esto hubiera parecido más real.»</em></p>
<p style="text-align: justify;">Lleva varias semanas preocupándose menos por su aspecto. Se afeita cada dos o tres días, se ducha una vez por semana y se lava el pelo los miércoles. Descuelga la regadera y se agacha sobre la bañera, tiene cuidado de que no caiga agua fuera, aunque cada vez menos. Hoy toca revisión y entrevista con la orientadora sociolaboral.</p>
<p style="text-align: justify;">Llega a lo oficina, coge un ticket de la máquina, hay pantallas sobre las mesas con números rojos. Espera. Nunca pensó que acabaría en aquel lugar; refugio de gandules y aprovechados pensaba siempre que pasaba cerca del edificio y veía las colas. Palpa los bolsillos para comprobar que lo lleva todo. Devuelve los saludos y mira las máquinas del vestíbulo; lee las ofertas del tablón.</p>
<p style="text-align: justify;">El funcionario confirma su asistencia en el ordenador. La psicóloga le explica lo difícil que está el mercado de trabajo para los mayores de cuarenta y cinco años. Le induce a que no desespere, que se reinvente le dice. Él le comenta que ya no cobra. Ella lo apunta en otras quince listas nuevas. Quedan de nuevo para el próximo mes.</p>
<p style="text-align: justify;">Llega a casa con todo terminado, son sólo las once de la mañana. Enciende la televisión, pasa por todos los canales, permanece un par de segundos en cada uno, bufándole al contenido. Apaga la tele. Coge un libro del estante, obras completas de Neruda; Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, piensa como clavo ardiendo. Esos inservibles e innecesarios conocimientos le hacen sentirse humano.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>«…Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>La noche está estrellada y ella no está conmigo…»</em></p>
<p style="text-align: justify;">Se limpia una incipiente lágrima, mientras se dice que todo esto es temporal.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>P. S.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #993300;"><strong><a href="http://gasolinero.net/lecturas" target="_blank"><span style="color: #993300;">Lecturas (post del año pasado por hoy)</span></a></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=g7czptgEvvU">http://www.youtube.com/watch?v=g7czptgEvvU</a></p>
<p></a></p>
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		<title>El fútbol, el clásico y otras cosas del balón</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Apr 2012 17:25:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Navarro</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal aprieto… O mejor dicho, el director insinúa escribir algo del «clásico» y por extensión del fútbol y servidor obedece, catorce versos dicen que es un (&#8230;)</p><p><a href="http://gasolinero.net/el-futbol-el-clasico/">Read the rest of this entry &#187;</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tal aprieto… O mejor dicho, el director insinúa escribir algo del «clásico» y por extensión del fútbol y servidor obedece, catorce versos dicen que es un soneto… Yo (vamos, Lope más bien) pensé que no hallara consonante.</p>
<p style="text-align: justify;">He de confesarte, deportivo lector, que soy poco aficionado al balompié. No me enerva el apasionamiento futbolero y, generalmente, me aburre ver a esos tipos de corto, millonarios de postín, corriendo en pos de la pelota, rodando por el suelo y protestando como damiselas ofendidas cuando tropiezan con el cordón de la bota del contrario. Me seduce más la épica del rugby, incluso tras haberlo profesionalizado y, sobre todo, que después del encuentro se vayan todos a disfrutar del tercer tiempo, en lugar de torturar a sus conciudadanos con insondables catilinarias (Delenda est Barcino, o Matritum). Dichosa la edad y siglos dichosos en los que los futbolistas se dedicaban a darle patadas al balón en lugar de a la oratoria.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y qué decir del nombre que le han puesto al partido entre el Madrid y el Barcelona? Clásico nada menos. No le alcanzo el significado, todos los partidos son clásicos, creo yo, pues como poco se celebran tres o cuatro desafíos con cada uno de los equipos de la liga cada temporada. A no ser por la imperiosa necesidad que últimamente tenemos de ponerle nombre a todo, bautizando los asuntos peliagudos con nombres asumibles y melifluos que diluyen su significado, o lo conjuran al menos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/pelota-de-trapo.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6246" style="margin: 10px;" title="pelota de trapo" src="http://gasolinero.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/04/pelota-de-trapo-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a>El encuentro de esta noche lo veo parte del maniqueísmo que nos domina. Ayer, en una jugosa charla con el pintor Manolo Buendía, llegamos a la conclusión de que nos empujan a posicionarnos en una de las dos opciones que en cualquier asunto o negocio nos están dejando. Blanco, negro; frio, calor; PP, PSOE; bueno, malo; Barça, Madrid. Hay que economizar las opciones en pos de un mundo feliz.</p>
<p style="text-align: justify;">De todas formas no sería honrado si no confesara mi predilección por el Atlético de Madrid. Cuando de niño hay que tomar partido por un equipo de fútbol, opte por la escuadra familiar. También me fijé en que el traje del Madrid era excesivamente blanco para mi escasa pulcritud y en que el del Barça no tenía nada de blanco y tampoco era eso. Incluso tuve una época de asistencia reiterada al coliseo del Manzanares.</p>
<p style="text-align: justify;">Por cierto, que una vez, allá por los años cincuenta del siglo pasado, el Atlético de Madrid vino a jugar un partido en la feria contra el Tomelloso. Trajo el equipo de gala, incluido el jugador marroquí Larby ben Barek, La Perla Negra. Al partido, del que no viene al caso el resultado, asistió Emilio el gitano, patriarca fallecido de los calés del Canal. Emilio iba siempre vestido de negro, con gorra y pañuelo al cuello, llevaba abrigo hasta en verano —algo menos grueso que el de invierno, eso sí—. Estaba siempre en la plaza vendiéndoles duros de plata falsos a los forasteros y a los tontos, que no tienen porque ser necesariamente los mismos. El día del partido, el alcalde de los gitanos iba corriendo a todo correr por la calle Don Victor, pues llegaba tarde al encuentro. El hombre se llevó por delante a un transeúnte, tirándolo al suelo.</p>
<p style="text-align: justify;">—¡Coño Emilio, ten más cuidado! —dijo el peatón postrado en el acerado.</p>
<p style="text-align: justify;">—Perdone usted, tío Jesús, si es que llego tarde al fútbol, que ha venido el Atlético de Madrid y ha traído a Distífini. —dijo el calé retostado, cambiándole con los nervios del momento el nombre a la Perla Negra y quedando la frase para los anales futboleros de esta tierra del Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">En fin, cosas del fútbol, o como decía un afamado futbolista y luego entrenador, el fútbol es así.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=9JdJpiKWyEk">http://www.youtube.com/watch?v=9JdJpiKWyEk</a></p>
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