Haka

Una vez se pusieron de moda las camisas de rugby.

Y las  de soldado, pero eso fue antes. El padre del pobre Alejandro, que era camionero, transportó durante un tiempo material usado del ejército y a las balas de camisas, verdes y caquis, nuestro amigo les sacaba algunas tirando y las vendía a los compañeros de clase y a la chiquillería del barrio a cien pesetas la pieza. Ahora dudo si realmente se estilaban aquellas prendas o es que las puso en el candelero nuestro hábil condiscípulo.

Pero ya digo, eso hace más tiempo cuando el pobre Alejandro aún vivía.  Estábamos con las de rugby.

Mi amigo Francisco, me compro y me trajo de Madrid una  de los All Blacks, que es como se llama la selección de Nueva Zelanda. Al comienzo de 1989, recién fallecida mi madre; toda negra, salvo el cuello, los puños y una especie de pluma de no se que ave que llevaba bordada en el lado izquierdo del pecho, sobre el corazón, que eran blancos. Tenía esa zamarra en mucho aprecio y la tuve en mi poder mientras pude, quiero decir, hasta que las partes blancas se volvieron negras a causa del desteñido que se producía al lavarla.

Nos gustaba el rugby entonces, cuando televisaban los partidos del Cinco Naciones con comentarios de Trecet. Tercer tiempo, Triple Corona, cuchara de madera, ensayo, touche, media melé, patada a seguir, eran expresiones a las que dábamos una épica que no sé si les correspondía. Admirábamos ese deporte que creíamos de caballeros.

Y un servidor al equipo de las antípodas, formado por blancos y maoríes que al principio de cada partido ejecutaban el Haka, danza ritual para infundirse valor y atemorizar al contrario, en la que se daban golpes en las piernas gritando y sacanado mucho la lengua.

httpv://www.youtube.com/watch?v=ha0yqjoL3jI

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