Lluvia

Las cosas suceden al buen tun tun, a pesar de nuestras previsiones, por eso ahora llueve. Quien gobierna este orden ha decidido que llueva a pesar del cuarenta de mayo y todas las zarandajas. Aquí en esta tierra mansamente, como en otoño. Como en una novela de Cela, lavando culpas y redimiendo eternos pecados enterrados bajo una vid, bajo millones de vides, tantas como faltas inconfesables en espera de redención. Nunca llueve a gusto de todos, pero todo tiene un precio, o ¿que creíais? que esto era de balde. Mi abuelo le llamaba a este mes de cosecha «el agosto» y yo petulante, pensaba que no entendía de calendario. Abuelo, si es junio y me daba un capón como explicación. La lluvia ya no es buena, en esta época del año digo, a las siembras las tumba y las pudre ya casi para segar y a las viñas le provoca mildiu; o un nubazo de estos puede traer granizo y dar fin con las esperanzas de todo un año. Ahora parece que el tiempo manda menos, pero ¡quía!, a la que nos descuidamos viene la lluvia reclamando su sitio, ocupando los eternos cauces que, en nuestra atrevida ignorancia, pensamos haberle arrebatado. Llueve como digo, a pesar de nuestras previsiones, mansa y otoñalmente como en «Mazurca para dos muertos», sobre esta tierra preñada de pecados horribles, hambres eternas y viñas. Ojala esta lluvia lave nuestras culpas, las de toda esta tierra, las de toda la Tierra.

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