Londres llama

Londres llama a la guerra a gritos y a todos los pueblos.

El crujido del mimbre del que está hecho el sillón parece directamente conectado al cerebro, se oye amplificado, por encima de los alaridos, los golpes  y las llamadas a la guerra (Dieu lo volti). No molesta ni estorba: acompaña.

Ya fuimos héroes por más de un día. Ahora, entre paradojas de hielo y sol, con los pies sobre el suelo de guijarros, Londres nos llama a nuestro destino, a voces, bajo un reloj de madera con el péndulo inmóvil. Es la señal y ellos no lo saben. Se limitan a calmar nuestra eterna y árida sed desde la distancia: no vivimos junto al rio.

Salimos, con la respiración contenida, a coger aire. No conseguimos, maldita sea, descubrir lo que oculta el de los ojos amarillentos y el aire fresco quema incomprensiblemente. Será por el fuego.

Es la hora y padre nos ha mandado al río a los dos, hermano, ya sabes, aunque pueda hacerlo solo. El trigo apenas crece pero hay que detener el motor que le sube el agua.

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httpv://www.youtube.com/watch?v=lotkzHsIuoA

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