Orajes

Tengo contado que considero a la climatología una excusa recurrente para cuando no se tiene nada que decir, o por el contrario, se tiene mucho que tapar. No obstante, en estas prefestivas calendas, tiene mucha importancia el tiempo: las vacaciones, procesiones y esparcimientos dependen de las isobaras. No deja de sorprenderme la existencia de gentes que no consideran al clima un imponderable, mas al contrario, necesitan echarle la culpa a alguien cuando el mal tiempo les agua, nunca mejor dicho, los planes.

En esta tierra de Dios al tiempo atmosférico se le llama oraje. Los petulantes locales se cachondean del empleo de ese sustantivo, y de tantos otros, pues lo consideran algún localismo mal pronunciado e inexistente. Equivocadamente, pues la palabra aparece en el diccionario. Pero claro, los petulantes no consultan volúmenes, se fían de su olfato.

La gente del campo ha entendido casi siempre del clima, siglos de observación empírica les ha llevado a poder predecir, observando unas cuantas señales, el tiempo del día siguiente, de la semana próxima, o de todo el año.  Existen técnicas cómo la de las cabañuelas, que nos dicen el oraje para todo un año. Consiste en que un observador, durante los doce primeros días del mes de agosto, constate el tiempo de cada una de las jornadas de la docena, asignándole al mes correspondiente la temperie observada. El primer día de observación, esto es, el uno de agosto, correspondería a septiembre de ese mismo año, el dos a octubre, etcétera, siendo el doceavo día el que marcará el tiempo del mes de agosto del año siguiente.

De ese empirismo comentado, han surgido un sinfín de adagios y refranes, muchos conocidos, incluso apócrifos cómo el del grajo y la altura de su vuelo. Mi madre decía: cuando la luna se empoza en jueves, antes del domingo llueve. Una caporala de vendimia afirmaba: revolá para llover, al salir que no al poner. De mucho predicamento era el de: cielo aborregado, a los dos días mojado. Algunos terribles: truenos en enero, las trillas al gallinero. Otros maternales: antes le falta la madre al hijo, que el hielo al granizo.

Los labradores también usaban oráculos, algunos de reconocido prestigio, tal era el Calendario Zaragozano (el firmamento para toda España). «Juicio Universal meteorológico, calendario con los pronógsticos del tiempo, santoral completo y ferias y mercados de españa.» Y la festividad de La Candelaria, el 2 de febrero: si la Candelaria implora, ya está el invierno fora, y si no implora, ni dentro, ni fora. Para que implore la Candelaria, tiene que llover, nevar, hacer sol, frío y aire.

Un servidor, durante tantos años junto a los agricultores, llegó a dominar el arte de la predicción meteorológica. Además, los gasolineros éramos considerados comúnmente cómo epítome del augurio atmosférico. Hecho acrecentado tras la siguiente anécdota.

Un asiduo cliente, agricultor y en alguna ocasión vecino, mientras este narrador le estaba realizando las labores de repostaje en el Renault 6 del que hacía gala, a la sazón un auto muy viñero, preguntó:

—A ver, gasolinero, tú que entiendes de tiempo ¿va a llover hoy?

—Para la hora del almuerzo te tienes que volver al pueblo de la que va a caer. —le dije engolando la voz.

—¡Venga cachondo! —me dijo, pues no había ni una nube en el firmamento.

—Apuéstate algo. —cargando la suerte.

Se fue a su labor sin estar convencido de mi aserto. Ni yo tampoco, pues le dije lo predicho, cómo le podría haber dicho lo contrario.  Mas ocurrió el prodigio y a las nueve y media de la mañana se empezó a oscurecer el cielo, comenzando al poco, a llover a manta rota. Minutos después pasó mi prediccionado amigo rumbo a su casa.

Este caso fue de boca en boca, dándome la fama de arúspice  infalible en la predicción del oraje. Esto me permitió vivir durante décadas de mis artes adivinatorias, desplazando a los métodos referidos, iba a congresos, seminarios, reuniones, ferias, etcétera. La gratitud de mis convecinos me hizo nadar en la abundancia. Lo tenía todo. Pero la volatilidad de la fama hizo que llegase otro, más joven y con más acierto, que me desplazó de la cumbre. Y ya se sabe, las pendientes cuesta abajo son inescrutables.

httpv://www.youtube.com/watch?v=emdM2uX2CWA

4 responses

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  2. Por mi parte no les creo naaaa a los del tiempo, casi parece achunte y siempre me pilla alguna lluvia por ahi por su culpa, pero al tiempo no le echo la culpa, lo disfruto :D
    A la que le hago caso es a mi mamá, se pone como lechuga hervida, no le dan ganas de hacer nada, se decae, deprime y cuando llueve vuelve a caminar como si nada fresca como una lechuga ;) el doctor dice que es quimica con el ambiente jijiji
    Algo tengo de ella, como he tenido varias lesiones en una misma pierna, cuando va a cambiar el tiempo , ya sea para frío o calor siempre me crujen las rodillas como castañuelas, generalmente no duele pero cuando se viene cambio fuerte si… voy pisando nubes como tu ;)

    Me ha encantado seguir conociendo un poco más de ti :) besos ronroneados en mi abrazo nindo ^_^

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