Pop 1280

Tras horas de paciente empeño habían conseguido mediante afeites, parecer unos minutos más jóvenes, pero igual de loros. Afirmaban su pertenencia a ese grupo de pájaros mediante graznidos altisonantes, aunque eso si, comedidos. Se sentaban en la única mesa ocupada del local. Un café céntrico y de postín donde las momias acudían a merendar y a contemplar la vida mientras trasegaban cafés con leche. El camarero de la barra era tan servil como aparentaba, con el pelo pastoso y una sonrisa más falsa que el beso de Judas. No le gustamos, desde que entramos y nos lo demostraba. Estábamos en el garito los loros y nosotros tres y tardaba una eternidad en servirnos. Decidimos vengarnos. Y empezamos a cachondearnos del barman, con grandes voces pueblerinas le pedíamos las consumiciones, casi todo rarezas o guarradas. Las cacatúas miraban sorprendidas y el grasiento no perdía la compostura. Continuabamos gritando. En un determinado momento, el de la barra, se aproximo a donde estábamos, sereno y calmo. En voz muy baja, tanto que tuvimos que arrimarnos a él para oírle, nos dijo, mientras empuñaba con disimulo un inmenso cuchillo de los que fabrican en esa ciudad: Me voy a cagar en vuestra p… madre y como no os vayáis de aquí ahora mismo os voy a rajar de arriba a abajo, uno a uno. Es ese momento abandonamos el lado oscuro, pagamos nuestras consumiciones y salimos a la plaza, que la tarde era estupenda.

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