Revolución

(La llamada Revolución de los Consumos tuvo lugar en Tomelloso el 2 de Julio de 1876. Consistió en una rebelión popular y sangrienta contra los consignatarios del arbitrio de consumos y de rechazo contra las autoridades.)

No podía echarse atrás. Era demasiado hombre para volverse. Pero si pudiera por un momento dejar atrás su hombría. Le temblaban las piernas, tenía la boca pastosa, deseaba salir corriendo más no podía: le estaban apuntando.

Yo no he sido. Si pudiera decirlo, yo no he sido; le alcanzó una ráfaga de sueño, ansiaba dormir tan solo un instante y que al despertar todo haya sido un mal sueño. O volver atrás, quizás. Pero los hombres van hacía su destino y lo reciben como viene, sin hacer concesiones a la cobardía ni al enemigo. De todas formas ¿hacía donde se volvía? ¿Hasta que parte de su vida se echaba atrás? No había salida y estaba como estaba por eso. Me apuntan, como me han apuntado siempre, ahora con un fusil otras veces con el hambre.

¿Cómo han tardado tan poco en llegar? Vienen a dar un escarmiento, para eso los han traído. Ellos no eran capaces de enfrentarse a los del pueblo y por eso han traído fuerzas de Manzanares. Llegaron de noche, cuando creíamos que no había ni Rey ni Dios. Míralos apuntando, vestidos de uniforme, lo hacen sin mirarme a la cara, no soy nada para ellos, si corro me matan.

Dos malditos años malcomiendo, sin que nadie se acuerde de nosotros y pagando una guerra. En el año de 1874 tuvimos un fuerte pedrisco que nos dejó sin cosecha, el ayuntamiento pidió una moratoria sobre las contribuciones, pero la República la rechazó: estamos en guerra, los facciosos avanzan, quieren acabar con la Gloriosa. Mercado de la plaza

Cuando Martínez-Campos proclamó al Príncipe Alfonso como Alfonso XIII, creímos que el Rey nos ayudaría en nuestra penosa situación. Vana ilusión. El mes de julio de 1875 una plaga de langosta, dejándonos otra vez a todo el pueblo sin cosecha. Los alcaldes solicitaron moratoria en el pago de las contribuciones y de nuevo fue rechazada, ahora por nuestro Rey y por el Presidente del Consejo de Ministros D. Antonio Cánovas.

No había nada que perder. El Ayuntamiento en la ruina subasta los consumos para este año. Nadie los quiere coger: el doble de lo del año pasado, que ya no pudimos pagar, y encima quieren cobrar lo pendiente. A final subastó los consumos Tiburcio Peinado. Y mando a los consumistas a «sacar cuanto hubiera, hasta debajo de las camas». La gente se harto, nadie sabe cómo empezó todo, pero ayer día dos de julio del año de mil ochocientos setenta y seis, a la hora de misa mayor, cada uno por su cuenta, llegamos a la plaza armados con lo que pudimos encontrar. Todos a una principiamos a vocear y a ir hacía la Casa Carnecería donde se encerraron los consumistas y desde el balcón empezaron a disparar, matando a Picalé a Chichaca y a Calzón e hiriendo a un montón.

Asaltamos la Casa Carnecería y las Casas Consistoriales. Algunos de los consumistas se escondieron en el vano del cielo raso, pero los cogimos y les dimos los suyo. Otros se fueron a esconder a la casa de los Peinado. Se metieron en la cueva creyéndose a salvo, pero echamos trapos, paja y leña ardiendo por la lumbrera. Tuvieron que reventar las tinajas para no quemarse, que no hubiera sido malo, Peinado huyó del pueblo. Quemamos todos los papeles del Ayuntamiento: sin  recibos no nos podrían cobrar.

Y al final, llegaron los soldados de Manzanares a la una de la madrugada. Lo de ayer parece que fuera hace doscientos años. Aquí me tienen, apuntándome, sin mirarme siquiera a la cara.

¿Qué íbamos a hacer?

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