Sugar

Nuestro familiar y económico éxodo por el Levante lo acabamos en  Ibi, ciudad del Alcoià y principal destino de la emigración tomellosera en los años sesenta y setenta. Tuvimos que marchar de El Puig por problemas de salud de mi madre con el clima de la costa.

Nos instalamos en un barrio de reciente construcción a las afueras del pueblo, modernos bloques de pisos, con jardines y jardinero. Había también un flamante colegio con un cartel luminoso. Al otro lado de la calle, fábricas de juguetes, en una de ellas trabajaba mi padre.

Tengo una pesadilla recurrente de aquella ciudad. Barbas y bigotes postizos de los festeros tirados por el suelo después de los desfiles. Millones de esos adminículos pilosos rodando  como esos hierbajos de las películas del oeste, junto con inmensos puros que me persiguen dándome garrotazos, subiendo las empinadas cuestas de Ibi, entre filás de moros y cristianos que me cortan el paso y postizos capilares que se me lían en los calcañares impidiéndome correr, despertándome con la boca seca y hablando en una suerte de arcaico valenciano de la Hoya de Alcoy.

Justo enfrente de nosotros vivía un matrimonio, ella era del pueblo y había vendido utensilios de plástico en los mercados. Tenían un hijo no excesivamente inteligente cuya pasión era el boxeo. Fue la primera vez que descubrí que el sudor de los hombres, de la especie humana en general, no era un olor recomendable. Había en el salón un saco de arena colgado del techo y usaba unos guantes especiales para la práctica de tan noble deporte. Se llamaba Eduardito y era, como digo, algo lento de reflejos.

El padre,  persona culta, contaba historias sobre los gendarmes  franceses y guardias civiles y no sé qué de fronteras. Trabajaban, como todos, como nosotros, en la economía sumergida, realizando pequeñas y reiterativas tareas para las fábricas de juguetes por cuatro reales.

Regresamos. Ellos también.

Algunas veces veo a Eduardito, que vive de la ayuda social desde que murieron sus padres, andando con los brazos despegados del torso, en actitud de reto, como las estrellas antiguas (y apagadas) del boxeo.

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httpv://www.youtube.com/watch?v=5v7kN9UXzlE

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