Suicidando (se)

La gente antiguamente se suicidaba más , creo yo.

Los hombres generalmente se ahorcaban o se echaban al tren. Las mujeres se tiraban al pozo. Me contaban de una anciana que antes de tirarse al pozo del corral, dejó en el brocal todos los objetos de valor que llevaba para que pudiese aprovecharlos la familia.  Cuando se producía un suicidio, los guardias civiles en las charlas nocturnas de la gasolinera, predecían que habría más en pocos días. Afirmaban que los suicidas eran envidiosos. Por experiencia señalaban el mimetismo de estos actos.

También había suicidas frustrados. Los encontraban en el momento justo impidiéndoles la consumación del crimen, casi siempre levantándolos por los pies. Obviamente quedaban marcados por ese estigma. En la gasolinera teníamos un cliente digno de figurar en cualquier record de intentos de suicidio que se precie: cinco fallidos y uno consumado.

Esto señor, con independencia de su manía por quitarse la vida, era bastante altivo, presumido, orgulloso, puntilloso y criticón. Era agricultor, de los que marchaban bien y de los que ladeaban la boca para hablar. Eso si, pulcrérrimo.

Una mañana, cerca de medio día, llegó a la gasolinera a repostar el tractor, inmaculado, como si no hubiese trabajado con el. Se bajó y mientras le llenaba el depósito se puso a dar vueltas alrededor de otro tractor que estaba aparcado en el poste y con el tractorista metido debajo apretando algún tornillo. Un Ebro viejísimo y rojo, cubierto de tierra, aceite y mierda. No había ningún espacio en la carrocería del tractor en el que se viese la pintura.

Poniendo cara de sorna y circunstancias y ladeando la boca hasta casi llegar con el extremo que torcía a la oreja de ese lado y sin encomendarse a nada ni a nadie y sin, por supuesto, haber visto que estaba el tractorista debajo del vehículo, dijo

- ¿De quién será el tractor este tan limpio? Si parece un terrón de mierda. Que desatre debe ser el amo. Vaya un tío guarro. No le dará vergüenza  ¿De quién será, hombre?

- De uno que no se quiere ahorcar.  Respondió el dueño del Ebro asomando la cabeza por entre los arados.

A lo que el otro, sin replicar, me pagó el gasoil, se montó en su tractor y se fue a arar, o donde fuese.

httpv://www.youtube.com/watch?v=mmCnQDUSO4I

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