Vanguardias

Europa.

La nuestra, la raptada  y violada por Zeus transformado en toro blanco, durante el final del siglo XIX y principios del XX, se dedicó ahíta de todo, a la creación de movimientos culturales y filosóficos de vanguardia, alegres y dicharacheros que se transformaron en ideales totalitarios. No perdonando el cobro de sus anteriores y epatantes performances  en sangre humana. Mucha, dado el poco valor de la misma en el momento de la roja cosecha.

El Futurismo, el 20 de febrero se van a cumplir ciento dos años de la publicación de su Manifiesto fundacional por Marinetti, auténtico huevo de la serpiente del fascismo italiano, en el que abogan por la violencia extrema y por la guerra como única higiene del mundo, entonces gracioso, jajaja, estos artistas.

Ah, la Europa de entre-guerras, los felices años veinte, el charlestón, el entierro de Valentino, el art-decó, el pelo a lo garçon. Baden-Baden, la república de Weimar. El París de los surrealistas y de Pla, de Dos Passos.

Sacco y Vanzetti. Duchamp.

Hay que vivir después de acabar la guerra que ha acabado con todas las guerras. Ser nazi, fascista, falangista, comunista, anarquista por estética, por romanticismo.

Los dirigibles.

Y detrás de la tramoya, se estaban afilando las guadañas. Esa época, la de entre-guerras, me parece un engaño, un engordar para morir.

Será que soy viejo.

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