Yira

Según cuentan, los biorritmos son ciclos de energía que afectan a los humanos de manera constante. imageSon personales y se inician con el nacimiento.

Los enunció el afamado doctor teutón don Wilhelm Fliess, en el año 1890 en la cuidad Berlín. Descubrió  y documentó que la Madre Naturaleza nos ha dotado con «relojes internos». Hay tres, el físico, que dura veintitrés días; el emocional, con un ciclo de veintiocho días y el intelectual que dura treinta y tres días. Constituyen un medio para conocerse mejor uno mismo y asumir la existencia de periodos de debilidad, insensibilidad o torpeza a lo largo de la vida de la persona. El conocimiento de los biorritmos supondría entender que a un periodo de energías negativas le sigue necesariamente otro positivo de recuperación.

Jeualdo Lupi, probo mecánico de coches de la ciudad de Tomelloso, discípulo que fue del afamado, carismático y por supuesto hábil don Vicente Porras y especializado en pequeñas rectificaciones de los pistones de los motores de los vehículos de explosión interna, realizadas por medio del frotamiento paulatino y constante de la superficie de la pieza averiada con polvo de azufre, inexplicablemente (o tal vez no, pues hay teorías que afirman que el estar en contacto con el elemento base del Maligno, le hizo hacer lo que después hizo) lo dejó todo en el año 1967. Convencido de las ventajas, resultados y ¿por que no? nuevas ideas de los biorritmos, se dedicó durante veinte años al proselitismo de su nueva creencia. Anduvo de pueblo en pueblo y de feria en feria tras haber ingresando en una sociedad filantrópica y naturalista, dedicada a tal menester. Después, el hombre se salió de esa suerte de secta y relató todo su avatar en el libro «Yo prediqué los biorritmos», de gran éxito.

Crisóstomo Hórquez, discutía con Santosóleos Martínez en el bar «El Rincón», de la localidad de Villarrubia de los Ojos, sobre una lámina sensible a la temperatura, que le había salido en el suplemento dominical del su diario al segundo y que anunciaban como indicador de los biorritmos. Poniendo el dedo pulgar de la mano izquierda en determinado punto de la lámina durante el tiempo indicado, la superficie cambiaba de color y este señalaba como se tenían los biorritmos en ese preciso instante.

- Eso es mentira y te lo demuestro, dijo el primero.

- ¿Tú que sabrás?, dijo Martínez.

- Espérame y verás.

En breves minutos, Hórquez llegó terciando la escopeta, le metió lo dos cartuchos en el pecho a Santosóleos, poniéndole posteriormente el indicador de biorritmos en el dedo indicado. Comprobó pasado el tiempo indicado la lectura de la lámina con el conversor y le dijo al oído del cadáver todavía humeante :

- Dice que vas a tener un buen día.

Y cogiendo su escopeta y apurando el café ya frio, se dirigió a entregarse al cuartelillo, que es lo que hacen los hombres. Mientras abandonaba el local, sonaba un viejo tango a modo de banda sonora.

Cuando la suerte, que es grela,
fallando y fallando
te largue parao….

*

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